Un argentino en la Comuna de París. Por Alberto Martín Rosé

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Editorial Acercándonos

Balcarce, como miembro de la elite liberal toma una postura decididamente contraria a los revolucionarios describiendo la revuelta desde la posición lógica de los sectores dominantes. En sus cartas a Carlos Tejedor, Ministro de Relaciones Exteriores de Domingo Faustino Sarmiento toma una actitud decididamente francófila frente al conflicto bélico y legitimista en cuanto al Gobierno de la Defensa.

Por Alberto Martín Rosé

Hace poco más de siglo y medio la  Francia del Segundo Imperio era derrotada por una alianza de estados bajo el comando de Prusia en la batalla de Sedan. Este hecho significó el fin de la guerra franco-prusiana y el sitio de París por parte de las tropas vencedoras como prenda de negociación hacia un acuerdo de paz. El armisticio, firmado meses después, significaba para Francia condiciones extremadamente rigurosas que se agravaban para la ciudad luz que debía erogar, entre otras costas, el gasto del ejército vencedor ocasionado por los seis meses de sitio. El pueblo parisino desconoció el acuerdo y la ciudad capital fue escenario de una revuelta popular que se tradujo en un autogobierno durante algo más de dos meses. Los parisinos, resolvieron en asamblea, desobedecer al gobierno central (entonces Gobierno de la Defensa) y elegir una autoridad propia, La Comuna. Durante 72 días y hasta que la reacción de los sectores dominantes ahogó en sangre al atrevido pueblo parisino La Comuna sustentada en la Guardia Nacional formada por los vecinos armados, tomó decisiones extraordinarias que llevaron a Engels a calificarla como primera “dictadura del proletariado” incluso años más tarde el modelo funcional de la Comuna fue adoptado por Lenin para aplicar en la Revolución de Octubre. Se ha escrito y se escribe mucho sobre La Comuna, sobre sus actores, sobre el rol extraordinario de las mujeres, sobre sus ideas, sobre sus decisiones, sobre sus errores, sobre su legado. Hoy en día en París existe una asociación de amigos de la Comuna y no pasa fecha en la que no se anuncie una actividad artística, una muestra, la apertura de un museo, la aparición de un libro, la colocación del nombre a una calle, algún homenaje traducido en placas o esculturas y un sinnúmero de actividades que recuerdan la historia de aquellos días. La producción histórica es descomunal al punto que Francois Furet, renombrado historiador liberal opinaba muy sorprendido que «ningún acontecimiento de nuestra historia moderna, y acaso de toda nuestra historia, ha sido objeto de tal sobreinversión de interés en relación con su brevedad» y Eric Hobsbawm le respondía  «no fue tan importante por lo que consiguió como por lo que presagiaba; fue más formidable como símbolo que como hecho» Y señalaba que los historiadores deberían «resistirse a la tentación de despreciarla retrospectivamente».

El libro parte de un relato inesperado. Hay un argentino que atestigua los días de la Comuna desde Londres lugar a donde se trasladó cuando el frente bélico arribaba a su vivienda en las afueras de París. Se trata de Mariano Severo Balcarce, ministro plenipotenciario de nuestro país durante cuatro décadas en varias capitales europeas quien además era yerno del General San Martín, su médico personal, y padre de las dos únicas nietas del Libertador. Esta fuente inédita está constituida por  la colección completa de  los descarnados  informes (ningún diplomático se comunica con sus jefes con la intención que esos documentos vean la luz pública) que envía Balcarce desde Londres en los que va relatando día por día los acontecimientos a la luz de la prensa londinense, el telégrafo y el producto de su actividad diplomática. Balcarce, como miembro de la elite liberal toma una postura decididamente contraria a los revolucionarios describiendo la revuelta desde la posición lógica de los sectores dominantes. En sus cartas a Carlos Tejedor, Ministro de Relaciones Exteriores de Domingo Faustino Sarmiento toma una actitud decididamente francófila frente al conflicto bélico y legitimista en cuanto al Gobierno de la Defensa.

Para contrastar el relato de los acontecimientos, es necesario oponer los hechos a la opinión sobre los mismos sucesos de Louise Michel, maestra revolucionaria, valiente comunera que participa activamente de esos 72 días de insurrección popular y que sufre el castigo del destierro a Nueva Caledonia como muchos de los comuneros que salvaron sus vidas tras la represión de la última semana de mayo que se transformó en la mayor masacre civil del Siglo XIX. La luego llamada “Virgen Roja “reclama ante quienes la juzgan, recibir la pena capital para acompañar en el destino fatal a sus camaradas comuneros, aunque el jurado la condena al destierro. Otro comunero con el que el autor contrasta los relatos del Ministro Balcarce es el periodista tolosano Prosper Lissagaray autor de una crónica de los hechos de los que es partícipe, que al decir de Marx, era, en aquellos días, decididamente la mejor escrita nunca. Lissagaray quien vivió un tiempo exiliado tras la Comuna en la casa londinense de la familia Marx se convirtió por casi una década en pretendiente de matrimonio de Eleanor, la menor de las hijas del filósofo alemán quien cansado de los aspirantes franceses objetó a la pareja. Sus otras hijas, con identidades falsas, viajaron a Francia durante la Comuna mientras sus esposos participaban de la revuelta.

Balcarce, hace un relato pormenorizado de los hechos, que están ordenados cronológicamente en el libro y que se constituyen en un apasionante y muy revelador compendio de la opinión de las elites gobernantes ante la revuelta popular parisina. Esas crónicas, están escritas por un observador lúcido que demuestra  poseer un alto grado de predicción sobre el futuro. Balcarce, ve con exactitud que la revuelta comunera no es del mismo carácter que las anteriores en suelo francés (la de 1848 llevó al exilio a San Martin y familia desde París a Boulogne Sur Mer) sino que tiene un peligroso trasfondo social y así lo informa a las autoridades argentinas previniéndolos de lo que a futuro se vendría para el mundo.

Los legisladores argentinos  respondieron años después con las leyes de Residencia y Defensa Social para tener instrumentos reglamentarios con los que hacer frente a la ola roja que venía de Europa y Balcarce fue el que dio aquel primer aviso.

El relato resulta apasionante porque recurre a fuentes inéditas tomadas de un personaje ligado por lazos sanguíneos a lo más profundo de la historia argentina, que estaba en el momento justo y en un lugar inesperado.

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