Propuesta económica como un nuevo posicionamiento político. Por: Lisandro Bellomio

Algunas de las preguntas que orientarán este escrito: ¿Qué alternativas maneja la oposición para volver a convencer a la sociedad? ¿Qué tiene que ofrecerle al electorado? ¿Por qué alguien que votó a Javier Milei decepcionado de la experiencia del Frente de Todos cambiaría su voto en el 2027?
Por: Lisandro Bellomio
Durante el último tiempo -los últimos meses, quizás- apareció una pregunta que reflota ya casi cíclicamente. Reflota en aquellas etapas en las que el gobierno nacional deja de obtener resultados económicos favorables y, al contrario, a raíz del desmanejo político-económico, percibe bajas en las encuestas de opinión, deterioros en indicadores financieros de relevancia y/o, incluso, pareciera tener que atender con mayor atención los ya permanentes conflictos políticos internos irresueltos.
La pregunta que reflota en cuestión es quién de la oposición podría aprovechar ese derrotero y, más específicamente, cómo podría hacerlo. Es decir, cómo podría ese opositor atraer a aquellos que se bajaron -o podrían estar próximos a bajarse- del acompañamiento al gobierno de Javier Milei.
Ahora bien, más que el quién, la cuestión imprescindible es el cómo: candidatos y figuras hay de sobra. A la vista está que la mayoría de estos aspirantes se encuentran nucleados en el extenso peronismo; otros pocos que mantienen distancia de este espectro también se encuentran en carrera, aunque si analizamos el escrutinio de la última elección nacional podríamos asegurar que se posicionan bastante por detrás de lo que a ellos mismos les gustaría.
Por supuesto que hay personalidades -en cualquiera de estos espacios- que destacan más que otras y que objetivamente cuentan con un respaldo político mayor, ya sea por el cargo que ocupan hoy en día, el acompañamiento que pueden brindarle otros dirigentes o por la trascendencia mediática que posean. Todos ellos representan, además, una agenda sociocultural que se puede ver plasmada en las gestiones gubernamentales (si es que las tienen) o en las pronunciaciones que llevan a cabo cotidianamente. Asimismo, podemos decir que cada uno tiene -a causa de experiencias pasadas y accionares presentes- un ideario económico que acompaña paralelamente a la propuesta sociocultural. No obstante, lo que no podemos decir es que cada uno posea una respuesta elaborada frente a la pregunta de qué harían con la economía si les tocará asumir hoy o en el 2027.
¿Qué harían con el tipo de cambio?¿Mantendrían el equilibrio fiscal o aumentarían el gasto para volver a financiar aquello recortado por el gobierno?¿Qué harían con el RIGI?¿Cuál sería la estrategia política para con la deuda?¿Cómo mantendrían la inflación baja?
Un sin fin de preguntas que, creo, no tendrían respuestas al 12 de junio de 2026.
Propongo estas preguntas (podrían ser otras similares) ya que están directamente vinculadas con aquel cómo que mencioné previamente: aquellas figuras que tienen aspiraciones presidenciales y dudan sobre cómo atraer al electorado deberían comenzar a elaborar respuestas para estos interrogantes.

Claramente el votante promedio no se encuentra día tras día analizando su sufragio a partir de declaraciones sobre economía que puedan mediatizar figuras de la política. Tampoco es la posición de un político en materia económica lo único que puede torcer o definir un voto. Más bien, me refiero a que cualquier actor notable de la política debe tener un discurso económico elaborado que contemple el panorama actual -y no simplemente su ideario genérico- si desea generar credibilidad, confianza y seguridad en aquellos que busca convencer.
A modo de ejemplo: no es lo mismo plantear que el ajuste presupuestario es injusto o incorrecto (esto podría representar una respuesta genérica), a plantear específicamente en qué sectores aumentaría el gasto y/o si ese aumento encontraría un párate a fin de mantener el superávit fiscal -o no. Asimismo, criticar el RIGI por las desmedidas exenciones que otorga a empresas internacionales carece de sustento si no se presenta, en simultáneo, un régimen de inversiones alternativo.
Tampoco digo que todos tengan que salir a casarse con una política específica para cada uno de estos temas, más cuando aún no están cerradas las alianzas electorales ni el formato del proceso electoral del año entrante, esto es si hay paso o no hay paso, digamos. Simplemente planteo, nuevamente, que cualquiera que desee generar confianza y posicionarse un escaloncito por encima de sus competidores lo puede hacer traduciendo su ideario económico en una serie de -más estrictas o plausibles- políticas y que, por más de no ser lo único que debe ofrecer un candidato, a esta altura pareciera ser una condición necesaria.
La cuestión peronista
Si hablamos particularmente sobre el peronismo, todo lo que mencionamos previamente toma otra dimensión. El peronismo -o aquel que desee ser candidato por el peronismo- debe, más que cualquier otro sector de la política, presentar una serie de lineamientos económicos verosímiles. La condición necesaria se torna en este espacio una obligación en pos de volver a posicionarse como un cuerpo legítimo con capacidad de gobernar.
Con origen en las internas políticas pero agravado también por las -más sinceras, quizás- diferencias en materia económica, el último gobierno peronista le confirió a cualquiera que pretenda ser el encargado de operativizar el retorno a la Casa Rosada una dificilísima responsabilidad: construir nuevamente, no solo un proyecto económico -que de por sí pareciera ya una tarea complicadísima-, sino la idea en el imaginario social de que el peronismo es capaz de mantener estable la economía o, de mínima, la inflación en niveles habitables.
Esta segunda tarea conferida (la de modificar el imaginario social), sólo podría ser asimilable en una instancia posterior, esto es, en una hipotética situación en la que el peronismo vuelve a gobernar la Nación. Cambiar la percepción que la propia población generó a partir de la última vivencia gubernamental es una labor aún más compleja que presentar un proyecto económico. Esta únicamente puede lograrse a partir de una segunda experiencia política de gobierno que construya otro resultado final.

Gente en concreto
Hoy en día son pocos los economistas de este lado del mundo que se atreven a caminar por los medios de comunicación. Argumentar y discutir sin una base política propia con la carga de aquello que supimos ser del 2019 a 2023 no resulta para nada atractivo. Sin embargo, más allá de esto, intuyo que incluso dentro de este campo no hay noción de quiénes son las figuras más relevantes en materia económica, esto es, aquellos que ocupan, ocuparon o pretenden ocupar posiciones de poder en este ámbito. Aquí enumero algunos actores de las tres “facciones” con más peso en el peronismo:
- Emiliano Estrada: Secretario de Economía y Producción del PJ Nacional, ex Ministro de Economía de la Provincia de Salta (bajo la gestión Urtubey) y ex Diputado Nacional hasta 2025. Uno de los actuales referentes del kirchnerismo en lo que compete a estos asuntos. Encargado de la redacción de propuestas económicas que presentó el PJ Nacional el año pasado (estas casi no se divulgaron o circularon mínimamente).
- Martín Pollera: otro de los que formaron parte de la redacción de propuestas económicas que presentó el PJ Nacional. Director Ejecutivo del Grupo Atenas y ex Secretario de Comercio de la corta gestión de Silvina Batakis.
- Julia Strada y Hernan Letcher: dirigen el Centro de Economía Política (CEPA). La primera es Diputada Nacional y el segundo fue ofrecido por Máximo Kirchner como Secretario de Comercio en 2019, siendo una de las carteras más disputadas en su momento al interior del Frente de Todos. Más allá de esto, son dos personalidades que frecuentan con mayor cotidianidad los medios de comunicación y se encuentran nucleados en el kirchnerismo puro.
- Cristian Girard: uno de los economistas con mayor presencia pública del espacio de Kicillof. Director de ARBA (Agencia de Recaudación de PBA) desde 2019. Forma parte del “equipo económico” del gobernador.
- Pablo Julio López: es Ministro de Economía de PBA desde 2019. Siendo del riñón del gobernador es claramente una de las máximas referencias en materia económica de su equipo y uno de los proyectados a continuar su carrera como funcionario nacional en caso de que Kicillof se defina oficialmente como candidato presidencial.
- Lisandro Cleri: exdirector ejecutivo Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES y fue parte del directorio del Banco Central en la gestión de Sergio Massa sobre el Ministerio de Economía. Actualmente es presidente de Emberlink Consulting y mantiene un perfil bajo (al igual que la mayoría de los cercanos a Sergio Tomás).
- Guillermo Michel: lugarteniente de Massa y su principal referente técnico-político, fue director de ADUANAS durante la gestión del Frente de Todos y hoy es Diputado Nacional por Entre Ríos, provincia en que la prepara una campaña para candidatearse como gobernador.
Algunas cuestiones más por pensar
Si a fines de 2023 llegamos a la conclusión de que el peronismo perdió por su mal desempeño económico ¿por qué debería centrarse en disputar otras ramas de la política que no sean la económica? o, mejor dicho ¿por qué no es la economía la principal arista del debate interno?¿es una cuestión de falta de interpretación técnica económica por parte de los dirigentes?¿o es acaso por una falta de intención política concreta de estos mismos?
En la economía está la disputa de sentido, suena burdo pero es así. Para subir al cuadrilátero hay que tener una propuesta económica. El gobierno podría tener mil y un actitudes fascistas, corruptas, autoritarias, racistas, aporofóbicas (categorías sobran) y la oposición podría aprovechar políticamente cada una de estas negligencias, ahora bien ¿alguien cree que resaltando solo estas falencias es posible torcer un voto que hoy acompaña al gobierno?

