Sobre la película “La última cena” y su crítica ideológica.  Por: Joshua Lentulus

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 El valor de esta sátira liberal, a mi criterio mal elaborada, reside en poner sobre la mesa un sentimiento que todos ocultan y que solo se le adjudica al bando contrario, la derecha asumiendo un lugar victimista en donde la izquierda busca destruir la familia y los valores y una izquierda que se asume víctima de discursos de odio de parte de la derecha. Sólo definen una identidad política en base a su enfrentamiento y desprecio del contrario ideológico, siendo ambos sujetos opinadores de políticas en las que no son protagonistas, solo tribuneros emocionales.

Por: Joshua Lentulus

El canal de youtube de la filmoteca maldita es uno que recomiendo por la variedad de películas y temas que son abordados, desde lo histórico y sobre todo lo sociopolítico, señalando y dando su propia crítica social en trasfondos sutiles o no explorados de películas desconocidas y de culto. Una de ellas ha sido su análisis de la película de 1995 “La última cena”, esta trata de un grupo de amigos que caracterizan al estereotipo liberal con conciencia social de la clase media norteamericana. Una vez que se definen a sí mismos como tales tras una serie de debates y conclusiones, se procede a la instalación del conflicto de la historia cuando le dan refugio a una persona a quien se le averió el auto. Durante la cena éste empieza a expresar su posición política de derecha, antisemita, comunista, a favor de Hitler y criticando abiertamente a sus hospedadores, quien uno de ellos en medio de una situación violenta termina por asesinarlo con una apuñalada. Esto desencadena un debate acerca de ir a la policía o enterrar el cuerpo y no decírselo a nadie. Aquí es cuando, a mi entender el relato pierde seriedad y se vuelve satírico. A partir del mencionado asesinato el grupo decide invitar a cenar a distintas personalidades representativas de posturas de derecha, un cura homofóbico, un machista heteropatriarcal y una antiabortista, e ir envenenándolos, disfrutando del proceso al sentir que hacen lo correcto. 

El solo hecho de no confesar el asesinato y su intento de justificarlo genera un carga de conciencia a partir de la cual se da entre los personajes un debate moral sobre la tolerancia y el diálogo entre posturas opuestas. Pero en este punto se torna poco serio ya que termina por volverse una parodia en el extremismo de la mutua complicidad de continuar asesinando personas que piensan distinto a los personajes. 

No coincido que sea una película, como afirma el título del video, del que se la apropie la extrema derecha, porque quienes hacen de víctimas mantienen posturas extremas e injustificadas. Si bien la cinta sirve como una provocación en contra del progresismo, es una que se limita a la superficialidad reaccionaria en su uso, ya que nunca victimiza o justifica la posición de los derechistas. Si se asume esta interpretación se tiende a posiciones de censura al determinar el valor de una película por la construcción estética de las posiciones enfrentadas, abogando siempre porque sea la del progresismo la positiva. Tantos han sido los ejemplos reaccionarios de la derecha del como las series o películas que son “canceladas” desde el progresismo se basan en un fanatismo antidiscriminador que no se aplica en la estigmatización hacia el hombre, blanco y heterosexual en cintas con una trama “progresista e inclusiva”.

 El valor de esta sátira liberal, a mi criterio mal elaborada, reside en poner sobre la mesa un sentimiento que todos ocultan y que solo se le adjudica al bando contrario, la derecha asumiendo un lugar victimista en donde la izquierda busca destruir la familia y los valores y una izquierda que se asume víctima de discursos de odio de parte de la derecha. Sólo definen una identidad política en base a su enfrentamiento y desprecio del contrario ideológico, siendo ambos sujetos opinadores de políticas en las que no son protagonistas, solo tribuneros emocionales. 

Otra conclusión de la crítica dirigida hacia esta película, es el discurso de la funcionalidad de las construcciones narrativas y lo sutil que son muchas otras. Un ejemplo de esto es la imagen negativa que se le da a los liberales, siendo por ello funcional al discurso de derecha. Son muchas las películas y series donde antagonistas o el estereotipado “bullying” que actúan como matones despreciables terminan muriendo o siendo asesinados, generando un intencional sentimiento de satisfacción en el público y justificando inconscientemente su muerte. Es la misma justificación que es expuesta de forma extremista por el grupo de amigos de la película. 

Es cierto que de los discursos de odio, el de la derecha presenta un peso y una intencionalidad más amenazante, pero también es una amenaza que tragedias y muertes sean justificadas por un lente ideológico, ya que quienes hacen ese juicio nunca serán protagonistas de cometerlos, pero sí justifican a quienes lo hacen impunemente. Esto último pudo observarse con la guerra en Ucrania en la cual un bando era apreciado sobre otro por el victimismo impuesto por la televisión sobre la población invadida. A su vez se intentó extender un sentimiento de terror hacia los espectadores sobre el accionar del ejército ruso, cuando son las propias milicias ucranianas quienes simpatizan y militan el nazismo y el racismo, habiendo cometido actos aberrantes sobre la población local. 

 Ambas posiciones ideológicas se diferencian por cómo asumen la violencia sobre la otra, no por lo que se identifican, porque ello evoluciona en la identidad estética de lo que se adopta, no en su valor esencial, por lo que el valor estético reside en la puesta en escena de creencias fanáticas. Estas creencias se materializan en objetos de culto, pero idolatradas en un panteón de distintos ídolos ideológicos, llegando a contradecirse entre sí. Esto lo encontramos en una derecha liberal que defiende la fe cristiana y la idea de la familia tradicional, pero también apoya el libre mercado capitalista que la destruye con la explotación laboral y la especulación del propio mercado. A su vez también encontramos una izquierda que se autopercibe antisistema mientras sus propias luchas sociales son financiadas y apoyadas por multinacionales criticadas y combatidas por ellos mismos hace un par de décadas atrás. 

Siempre habrá situaciones contradictorias en lo ideológico, el problema se encuentra en no superar esa contradicción y ocultarla, valorando el “pertenecer y adoptar” esa identidad, antes que el ejercer genuinamente la contradicción.

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