11 septiembre, 2026
Foto: Perfil. Jaldo, Manzur y Alperovich

A 30 años del último cambio de partido en el poder, el peronismo tucumano tiene una regla no escrita: para ser gobernador o vice, primero hay que ser ministro. Intendentes y legisladores quedan afuera de la fórmula ganadora. Entonces,
¿Quiénes tienen más posibilidades de acceder a la gobernación? ¿Cuál sería la estrategia adecuada en caso de querer hacerlo?

Por: Lic. UBA. Lisandro Bellomio (“La sucesión en Tucumán, gobernar es cuestión de gabinete“)

La sucesión política en Tucumán ha sido un tema en la agenda electoral que atraviesa tanto a la gestión provincial como a cada una de las gestiones municipales.

Dentro de las palabras más resaltadas en torno a este tema encontramos “nepotismo”, que refiere a la utilización de un cargo para designar a familiares o amigos en determinados empleos o concederles otros tipos de favores. En parte, esto se debe a que en las últimas elecciones provinciales 15 de los 19 intendentes confiaron en un familiar directo para sucederlos en sus cargos y, por más de que no todos lograron el objetivo, fue un dato que resaltó en la elección.

No obstante, la cuestión del nepotismo no será algo relevante en este texto. Mencionarlo en un principio tiene que ver con la posible vinculación que podría hacer cualquiera al leer un escrito que trata sobre la sucesión política de la provincia. No hacerlo implicaría una omisión que podría entenderse deliberada por lo que simplemente restaba aclarar esta cuestión.

Entonces, ¿cómo funciona la alternancia política en Tucumán? Si lo analizamos en términos partidarios la respuesta es contundente: han pasado casi 30 años desde la última vez que el partido que ocupa el poder ejecutivo provincial dejó el cargo. Por ende, no hay alternancia partidaria en la provincia desde hace casi tres décadas.

Ahora bien, ¿es esto una excepción en el país? No necesariamente. Son varias las provincias argentinas que han mantenido al mismo partido al frente del ejecutivo durante largos períodos. Por ejemplo, el Movimiento Popular Neuquino gobernó Neuquén ininterrumpidamente durante 60 años; el PRO lleva 20 años al frente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Córdoba se mantiene bajo la misma línea política desde 1999.

En vinculación a estos ejemplos es necesario destacar que la “falta” de alternancia partidaria no tiene una causa directa en movimientos antidemocráticos por parte de los partidos gobernantes. Normalmente tiene que ver con alguna de las siguientes cuestiones: divisiones históricas en la oposición que consolidan la predominancia del oficialismo de turno, un enraizamiento de los partidos en las estructuras estatales o una preferencia política estricta y notoria por parte del electorado del distrito en cuestión. En Tucumán es difícil definir cuál de las tres aristas tiene más peso a la hora de analizar porque el PJ gobierna desde 1999.

De todo esto se sigue una conclusión razonable: para el arco opositor, la sola decisión de presentarse en la contienda por la gobernación ya encierra una complejidad que trasciende lo estratégico y se inscribe en lo estructural. En este sentido, el Partido Justicialista tucumano parte con una clara ventaja objetiva que lo posiciona favorablemente para alcanzar la victoria.

Aquí tenemos las últimas 5 elecciones a gobernador en Tucumán:

AñoGanador Gobernación% Gob.2da fuerza% Gob.
2023Jaldo (Frente de Todos)55,0%Juntos por el Cambio33,3%
2019Manzur (Frente Justicialista)49,5%Vamos Tucumán19,5%
2015Manzur (Frente para la Victoria)51,6%Acuerdo para el Bicentenario39,9%
2011Alperovich (Frente para la Victoria)70%Acuerdo Cívico y Social14,5%
2007Alperovich (Frente para la Victoria)76%Fuerza Republicana5,1%

Datos obtenidos de la Junta Electoral de Tucumán

Como puede verse, la única elección de las últimas cinco en que la principal fuerza opositora -o segunda fuerza- logró reducir la diferencia a menos de 20 puntos porcentuales fue la de 2015. En el resto de los comicios, la brecha se mantuvo en niveles abultados, con márgenes que van desde los 23 hasta los 70 puntos entre el primer y el segundo lugar, lo que evidencia una clara asimetría estructural en el sistema de partidos provincial.

Figuras de “relevancia institucional” que trataron de llegar:

Comenzando el análisis desde las intendencias, encontramos que en la última elección a gobernador dos intendentes relevantes de la oposición compitieron en una fórmula conjunta: Roberto Sánchez, ex intendente de Concepción, se presentó como candidato a gobernador y Germán Alfaro, hasta ese momento intendente de San Miguel de Tucumán, lo acompañó como vice. Como advertimos previamente, entre los dos no llegaron al 35% de los votos.

Otro que se postuló luego de pasar por la intendencia de San Miguel fue Domingo Amaya, que estuvo al frente de la municipalidad durante tres mandatos consecutivos, del 2003 al 2015. En 2015, cuando intentó dar un paso al frente a nivel provincial, lo hizo como candidato a vicegobernador detrás de José Cano. Nuevamente, como observamos previamente, esta aventura no resultó exitosa.

Por fuera de los municipios, tenemos el caso del ex legislador y dirigente de Libres del Sur, Federico Masso, que en 2023 se postuló a gobernador y obtuvo alrededor del 1,5% de los votos.

Por último, resta plantear que hay otros intendentes o ex intendentes que, más allá de si compitieron electoralmente por la gobernación o no, se han encargado de  advertir a sus pares que consideran a sus municipios como un techo político a superar, intentando acceder a otros cargos luego de cumplir los dos mandatos correspondientes en sus respectivas ciudades. Son los casos de Javier Noguera por Tafí Viejo, Mariano Campero por Yerba Buena y Darío Monteros por La Banda del Río Salí. De ellos, los dos primeros ocupan actualmente una banca como diputados nacionales, mientras que el tercero se desempeña como Ministro del Interior de la provincia.

A raíz de estos datos, podríamos plantear que la alternancia partidaria no posee demasiadas cuestiones a analizar. Más bien, pareciera que todo continuará en estos términos en las elecciones del 2027. Jaldo ya definió que el año entrante competirá con la misma fórmula con la que ganó en el 2023. De esta forma, no sería nada alocado plantear que hasta 2031 tendremos al mismo gobernador al frente de la provincia.

Entonces, si la sucesión partidaria no es un tema, ¿qué sucesión sí lo es?

La sucesión a la interna del peronismo (o del gobierno):

            Por fuera de la confrontación entre partidos hay otras instancias en donde se compite por la gobernación. A fin de englobar aquellas instancias en una sola, diremos que la carrera que se corre -al margen de la interpartidaria- es la intrapartidaria, esto es, al interior del peronismo. De ella forman parte: dirigentes políticos por fuera de la función pública (en el ámbito del deporte, por ejemplo), legisladores (a nivel nacional y provincial), intendentes y, principalmente, funcionarios del poder ejecutivo provincial.

            Cada uno de estos tiene, por el simple hecho de ocupar el lugar que ocupa, mayor o menor margen para posicionarse al interior de la contienda. La pregunta sería, ¿es la jerarquía institucional “oficial” u orgánica la que determina ese margen o hay derivas informales que podrían incidir en el peso político de cada uno?

Por ejemplo, ¿tiene un intendente de un distrito importante -Capital, Yerba Buena, Concepción, Tafí Viejo- el mismo peso en la interna que un diputado nacional?¿o tiene más? Un diputado nacional o un intendente ¿tienen más o menos chances de acceder a la gobernación que un ministro del ejecutivo provincial?

De cara a la reelección de Jaldo en 2027 y a partir de las menciones que hicimos previamente, podríamos decir que ningún intendente, legislador o diputado nacional ha conseguido saltar directamente a la gobernación o a la vicegobernación en casi treinta años.

Cabría afirmar que hay una “excepción” a esta regla: José Alperovich asumió la gobernación siendo previamente Senador Nacional (2001-2003) aunque, en realidad, había ejercido como Ministro de Economía de la provincia entre 1999 y 2001, esto es, en ese mandato, digamos. Por ende, oficialmente el último legislador -nacional o provincial-, intendente, o dirigente que no forme parte del ejecutivo provincial que se asentó en la cúpula del poder político de la provincia fue Sisto Terán Nougués, cuando asumió la vicegobernación en 1999 después de ser legislador provincial entre 1995 y 1999.

A partir de allí la sucesión es la siguiente:

  1. Fernando Juri (2003) era Secretario General de la Gobernación a la hora de asumir como vicegobernador.
  2. José Alperovich (2003) era Ministro de Economía de la provincia/Senador Nacional cuando asumió como gobernador.
  3. Juan Manzur (2007) era Ministro de Salud de la provincia a la hora de asumir como vicegobernador y era vicegobernador cuando asumió como gobernador (2015).
  4. Osvaldo Jaldo (2015) era Ministro del Interior de la provincia a la hora de asumir como vicegobernador y era vicegobernador cuando asumió como gobernador (2023).
  5. Miguel Acevedo (2023): era Ministro del Interior de la provincia a la hora de asumir como vicegobernador.

Por lo tanto, en los últimos seis mandatos, todas las personas que resultaron electas para ocupar uno de los dos cargos que conforman la jefatura de gobierno provincial habían integrado previamente el gabinete del gobernador saliente. Si a esto le sumamos el dato que resaltamos anteriormente -que en este mismo período de tiempo ningún intendente, legislador o diputado nacional pasó sin intervalos de ese cargo a la gobernación- estaríamos en condiciones de concluir que, en caso de querer ser parte de la fórmula ganadora, solo hay una alternativa: hay que formar parte del ejecutivo provincial.

Esto no quiere decir que los cargos ejecutivos provinciales posean mayor relevancia institucional que las jefaturas de gobierno municipales o que los cargos legislativos nacionales. En realidad, esto evidencia la relevancia política que ostentan dentro de las mesas chicas de los gobernadores de turno, quienes, por otra parte, suelen ser los que finalmente definen las candidaturas.

Para cerrar, podemos decir que varios de los actores que nombramos previamente se han anoticiado de este asunto. Domingo Amaya, por ejemplo, es actualmente presidente del Ente Tucumán Turismo; Federico Masso pasó de férreo opositor a Ministro de Desarrollo Social en cuestión de meses; aunque no integre el gabinete provincial, Germán Alfaro se encuentra alineado políticamente con el gobernador, lo mismo sucede con Javier Noguera, que antes formaba parte del ala “manzurista” del peronismo tucumano y hoy integra el bloque Independencia en la cámara de diputados; por último, resaltamos el caso de Darío Monteros, que pasó de la intendencia de La Banda del Río Salí al ministerio del interior, esto es, el espacio que han ocupado los últimos dos vicegobernadores antes de candidatearse.

Foto: Ente Cultural Tucumán. Casa de Gobierno de Tucumán