21 julio, 2026

EL PUEBLO DEL INDIO. Por: Juanjo Olivera

No fui a Dominico. Estoy en casa, haciendo la comida a las nenas, llorando, a cada rato entre un recuerdo y otro, mientras miro de reojo la tele y escucho a la gente.

Doy vueltas alrededor de la compu. Armo y deshago bocetos de notas que no llegan al teclado, porque siempre empiezan conmigo. Los Redondos y yo, mis amigos que partieron y el Indio, con mi hermano en el barrio de los monoblocks de Constituyentes y General Paz. Recuerdos de los recitales. Los palos de la policía en Obras, las peleas con mi viejo que no quería que fuéramos a los shows, la mano salvadora que te levantaba del pogo, morir y resucitar en una avalancha en Autopista Center, viajar a dedo al interior con otros locos que vivíamos la experiencia como una causa revolucionaria.

Ser parte de un ejército solo sabido por los que estábamos ahí. Remeras de los Redondos en la rebelión de Santiago del Estero, en Cutral-co, en cada marcha y aguante, en la primera línea estaba nuestro ejército.

Es cierto, nunca fue solo música, el Indio ya lo había dicho, “esto ya no es rock, es pura suerte”. Además, ¿quién quería música? no era lo que necesitábamos. García y Fito, y miles de bandas estaban en la radio, pero lo que buscábamos los pibes del barrio era algo más, un ghetto propio, un rocanrol argentino que no transara con radares militares imperiales, que tuviera una pureza original, que sacudiera el cuerpo, y rompiera cadenas y caretas.

Sigo dando vueltas al teclado, porque ninguna nota que hable de un acontecimiento político cultural tan importante puede ser en primera persona. Se me ocurre repasar a los escritores beatniks, a Symns y la Cerdos y Peces, Antonin Artaud  y su Van Gogh, Suicidado por la Sociedad, Ramos Mejía y sus Multitudes Argentinas, Laclau-Mouffe y el significante vacio, Cooke y sus Bases para una política cultural revolucionaria.

Horacio González, decía que dar una clase con menos de tres libros era una chantada. Entonces, ¿escribir para tratar de describir, analizar o explicar este fenómeno popular que es el Indio, no sería también una chantada? ¿un atrevimiento, una desubicación como la que le adjudicaban los Redondos a los periodistas papanatas, que canibalizaban el dolor ajeno para usufructuar el estado de ánimo?

Tal vez, solo sea posible hablar de nosotros. Ser uno más, en los millones que hoy tienen algo para decir de sí y el Indio, de sus hijos y el Indio, de su mujer y el Indio, de sus padres y el Indio, de sus luchas y alegrías, y el Indio. De mi pueblo y el Indio.

Foto: Todo Jujuy