ANTÁRTIDA. Un territorio vital, pero invisible. Por: Carlos Alberto Aguirre

Argentina no está sola en esta disputa. El Reino Unido mantiene posiciones insulares en Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, garantizando una zona de control estratégico y defendiendo el statu quo militar. A su vez, potencias como Estados Unidos, China y Rusia incrementan su presencia logística y científica. En este contexto, Estados Unidos observa con preocupación el avance de las otras potencias en el área.
Por: Carlos Alberto Aguirre
La usurpación de las Islas Malvinas en 1833 por Gran Bretaña respondió al control de rutas oceánicas vitales y estratégicas como el Estrecho de Magallanes y el Pasaje de Drake. Desde entonces, la Argentina enfrenta la ocupación de casi el 25% de su territorio bicontinental. En la base aérea de Mount Pleasant, operativa desde 1985, funciona la guarnición más austral de la OTAN, garantizando a Occidente el pasaje interoceánico y asegurando la puerta de acceso al continente antártico. La Antártida constituye, en este sentido, un enclave geopolítico clave y un reservorio de recursos estratégicos.
Históricamente, la Argentina ha sostenido su reclamo de soberanía sobre la Antártida tanto en el plano internacional como en el local. En 1904 se estableció la presencia permanente en las Islas Orcadas; en 1948 se firmó la Declaración Conjunta de Santiago, que estableció la cooperación territorial y jurídica entre Argentina y Chile; en 1959 se suscribió el Tratado Antártico, que consagra el uso pacífico del continente y el congelamiento de los reclamos en su artículo IV; y en 1991 se acordó el Protocolo de Madrid, que lo declara “reserva natural” mundial y refuerza su protección ambiental.
Las particularidades de este territorio permiten dimensionar su importancia. En su plataforma marítima —que se extiende hasta las 350 millas— se manifiesta la magnitud de la proyección territorial argentina, así como la superposición de soberanías. Allí se concentran recursos renovables estratégicos, como el krill (base proteica fundamental), importantes reservas pesqueras y el mayor reservorio de agua dulce del planeta. En este esquema, la península antártica y Ushuaia se configuran como la principal puerta de entrada al sexto continente.

Sin embargo, la Argentina no está sola en esta disputa. El Reino Unido mantiene posiciones insulares en Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, garantizando una zona de control estratégico y defendiendo el statu quo militar. A su vez, potencias como Estados Unidos, China y Rusia incrementan su presencia logística y científica. En este contexto, Estados Unidos observa con preocupación el avance de las otras potencias en el área.
En el plano regional, Chile sostiene reclamos superpuestos con fundamentos geológicos y promueve a la región de Magallanes como plataforma de acceso. Por su parte, Brasil impulsa la teoría de la “defrontação”, con la que busca consolidar un liderazgo sudamericano y asegurar su participación ante un eventual descongelamiento del Tratado Antártico. Frente a este escenario, resulta imprescindible recuperar la conciencia marítima y consolidar una estrategia que proteja los intereses vitales del país y garantice su proyección soberana.
En agosto de 2020 se sancionó la Ley 27.575, que actualiza el mapa de la República Argentina con la demarcación del límite exterior de la plataforma continental, incorporando los espacios marítimos correspondientes al territorio continental, insular y antártico. Este proceso se inscribe en un recorrido más amplio iniciado en la década de 1980, cuando las Naciones Unidas aprobaron la Convención sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), estableciendo un régimen legal para el uso de los océanos y sus recursos.
La Argentina adhirió a esta convención en 1984 y la ratificó en 1995, por lo que entró en vigor ese mismo año. En ese marco, se fortaleció la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA), encargada de realizar investigaciones y presentaciones técnicas que permitieron ampliar la soberanía marítima de 200 a 350 millas. En 2009, el país realizó la presentación oficial que fijó el límite exterior de su plataforma continental, incorporando aproximadamente 1.782.000 km² adicionales más allá de las 200 millas marinas, que se suman a los aproximadamente 4.799.000 km² comprendidos entre las líneas de base y las 200 millas.
Si la ocupación británica representa cerca del 20% del territorio nacional y la Antártida (plataforma terrestre y continental) otro 25%, hacia mediados de este siglo casi el 45% del territorio argentino podría encontrarse en disputa.

Caso China y la Antártida
China se adhirió al Tratado Antártico en 1983 y al Protocolo de Madrid en 1998, actuando dentro del marco internacional, aunque con un crecimiento acelerado que genera atención geopolítica. Sus principales bases —Gran Muralla, Zhongshan, Kunlun, Taishan y la más reciente Qinling— evidencian una estrategia sostenida.
La participación de China forma parte de su ascenso como potencia global, con intereses en recursos naturales, investigación científica y gobernanza. En este sentido, se observa un enfoque dual: por un lado, investigación científica legítima; por otro, una expansión de infraestructura que le permite posicionarse en futuras discusiones sobre el continente.
Un ejemplo de este avance es la 42ª expedición china, que logró perforar hasta 3.413 metros de profundidad mediante un sistema de agua caliente, permitiendo acceder a lagos subglaciales sin contaminar estos ecosistemas. Esta técnica consiste en derretir el hielo mediante agua a alta temperatura y presión y, a diferencia de los métodos mecánicos tradicionales, permite avanzar más rápido, realizar perforaciones de mayor diámetro y reducir el riesgo de introducir fluidos externos en ecosistemas extremadamente sensibles.
Cabe recordar que China se estableció en la Antártida en 1984, mientras que la Argentina cuenta con una presencia histórica mucho más prolongada. Sin embargo, esta trayectoria parece ser relativizada en el debate político actual.
Los conflictos del futuro, atravesados por el avance de la inteligencia artificial, estarán cada vez más vinculados a recursos estratégicos como el agua, el frío y la energía. En ese escenario, el debate será, en última instancia, sobre el control de lo propio: los recursos, el territorio y la soberanía.
Mientras tanto, en el plano local, el debate muchas veces queda atrapado en dicotomías estériles. Sin embargo, la disputa de fondo es por lo invisible. Y 2048 está mucho más cerca de lo que parece.
Bibliografía
CEDI y CEAP-UBA: Seminarios 2025-2026.
Clarín: https://www.clarin.com/internacional/china-perforo-3400-metros-antartida-encontro-lago-congelado-tiempo_0_2OfkaYXuds.html

