(Séptima pastilla contra la nausea) EL CHISPERO LOCO. Por Sebastián Russo

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FOTO enREDando

Hoy habla el presidente. Le dice un vecino al chino que atiende el supermercado. Al que dice esto lo vi tomar birra con el del kiosco de diario y otro más. Mirando mujeres pasar y diciéndoles cosas, o entre ellos decir, mirá que minón o algo así al pasar de casi cualquier muchacha.

Hoy habla el presidente, dice, como quien dice hoy juega mi equipo de futbol u hoy toca la banda que me gusta. Como también diciendo, ahora lo van a escuchar, ustedes, que se la pasan criticando, lo van a escuchar, decir las cosas como son, como solo él puede decir y hacer.

A la hora que el presidente daría su discurso en el Congreso se está organizando un cacerolazo denominado federal. Al que tengo pensado ir y sobre el que me pregunto, en la caminata diurna por Balvanera, cuántos de los que me cruzo irian y estimo que pocos.

A la hora señalada llego hasta Corrientes y Medrano, donde se reúne la Asamblea de Almagro y efectivamente somos muy pocos. Habia ido antes a Medrano y Rivadavia y allí peor, sólo un señor, apoyado en la pared, con un tachito cacerolero escondido, esperando ya desesperanzado que finalmente o una vez mas la movilizacion popular, vecinal, acontezca. Pero no.

El presidente finalmente habló. La naturalización de su violencia, de la impunidad de hacerlo imputado por estafa y con los coretesanos aplaudiendo manda. La prepotencia tiene un lugar ganado entre sus seguidores, aplaudidores y cómplices silenciosos. Asi como sus políticas de hambre y saqueo. No vistas así por todxs sino como pasos necesarios para una otra luz al final de otro túnel igual de oscuro.

El micromundo de las redes, algoritmo y endogamia mediante, a veces hace creer que el malestar y el deseo que este gobierno termine pronto es mayoritario e inminente. Si bien algo se rompió, como escribimos y otros afirman, ni la protesta en su contra es tan expandida ni ellos dejan de jugar -y- fuerte. Lo que también es leído como signo de debilidad. En la cancha se ven los pingos.

Pero hay quienes no solo respetan su investidura (hoy habla el presidente) sino y sobre todo sus formas. De traumatizada y violenta virilidad y desparpajo arrogante e individualista. Tal vez como quiseran ser, entendiendo que así les iría mejor, que en eso fallan y que he alli un modelo a emular.

Si bien algo se rompió, no lo suficiente para esperar que ese agrietamiento se ensanche solo. Los regimenes no se suicidan. Y esto se expresa, al tiempo que sostiene y ahonda, en subjetividades aún más rotas que él mismo. Y que no dejarán de multiplicarse, afirmandolo y afirmandose en el mismo estado de putrefacción que engendra.

Las tramas colectivas, siendo pocxs o muchxs, deberán mantenerse en estado de conversación y organización. No sólo en la espera activa de esa chispa que prenda y aune, cual bombero loco en carnaval porteño, con el chispero siempre a mano a fuerza de insistencia.

Sino para que cuando algo así suceda existan articulaciones vitales y audaces que permitan sobrellevar, habitar y condicionar lo que emerja de todo esto. Que quien sabe qué y cómo será.

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Una larga noche
Es solo una larga noche

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