Tercera píldora. Lo (im)prescindible. De la saga “Una larga noche”. Por Sebastián Russo

En tiempo de verano y vacaciones sumamos a Seba Russo a la automedicación para sobrellevar las arcadas del presente. Corremos el riesgo, no sabemos tampoco si podremos encontrar el mapa de salida, la corriente, o al menos una pequeña ola que nos vaya sacando de esta situación de a poco, o de forma rauda y milagrosa, por lo pronto acá estamos chapoteando en la realidad.
Mi madre me dice que en el 86 vacacionábamos un mes en la costa. Una década después una quincena. Hoy una semana en un viejo tiempo compartido.
El deterioro en el descanso, en el disfrute, es parte del proceso de descomposición social-anímico del neoliberalismo. Destructor de lo generado por políticas sociales.
Muchxs se fueron a Brasil. Una oportunidad incluso para lxs que no conocían. Este gobierno y estado de cosas hace que incluso esa alegría sea agridulce. Como lo dulce que fue la plata en los ochenta, y la fiesta, champagne y pizza de los noventa. No solo durará poco sino que es preludio de una nueva hecatombe.
Uno ya sabe mas por viejo que por diablo, nos quemamos con leches de vacas siempre ajenas cuantas veces. La destrucción de la producción se paga y sabemos quien lo hará.
Escuchábamos con ella viajando una entrevista a Buzzi, ex miembro de la mesa de enlace, ex presidente de la Federación Agraria. Ve lo mismo, que esto no puede durar, pero nada dice, de la quietud de productores que por menos cortaron rutas, arrojaban la producción al suelo echándola a perder. Mientras tanto a la distancia escucho un karaoke. La felicidad ja ja ja ja.
En medio de la vacación el gobierno decreta prescindible a las ciencias sociales. Las que estudié y atravesé estudiando durante el 2001. A las que me dedico en docencia e investigación desde entonces.
La utilidad de una ciencia como la social es un problema mal planteado. Las vacaciones sirven por la ruptura del habito. Las ciencias sociales también. Por poner en cuestión aquello que repetimos de modo incuestionable. Por evidenciar la inutilidad (para nuestra felicidad) de algunas acciones que se nos plantean útiles. Suponer que esto es inservible es como decir que las vacaciones también lo son. Si pensar sobre la propia acción, el lugar social asignado es inútil es porque se presume que nada debe modificarse.
“Antes de venir a la universidad era un negro de mierda cuyas armas eran los puños, ahora me valoro y dialogo y peleo con la palabra”, dijo alguien en una de las asambleas luego del veto presidencial al financiamiento universitario, dejando todo claro.
Que la voz autorizada para pensar lo social sea la de los periodistas obsecuentes o del propio gobierno nos conduce directamente a una sociedad de imbéciles repetidores de idioteces, es decir, el camino allanado a una reverberación de la forma autocrática, represiva y de saqueo sin mayores resistencias.
Es no preguntarse por que pasamos de vacacionar un mes a hacerlo 3 o 4 días. Y por qué los que no trabajan ni aportan nada al país especulando en las finanzas son millonarios. Las ciencias sociales se preguntan el por qué de aquello que parece natural, normal, útil, pero no es mas que la desigualdad cristalizada.
Así todo
Una larga noche
Es sólo una larga noche
