4 febrero, 2026

ASOCIACIÓN: INVAP-Turkiye Aeroespace Industries. Por: Ignacio Corradi

los recientes vínculos bilaterales entre Argentina y Turquía en materia de ciencia, tecnología y comercio destacan los siguientes hitos: el primero es la creación de la cámara de comercio argentino turca en noviembre de 2022, vínculo que fue reforzado con la firma en febrero de 2023 en Estambul del Protocolo sobre cooperación en ciencia, tecnología e innovación entre el Consejo de Investigaciones Científicas de Türkiye (TÜBITAK) y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Argentina (MINCyT), el mismo contempla entre otras áreas cooperación en tecnologías espaciales y de aviación

Por: Ignacio Corradi

Título: “La asociación INVAP-Turkiye Aeroespace Industries para el desarrollo de satélites geoestacionarios como caso de diplomacia tecnológica” . Por: Ignacio Corradi  (Lic. Ciencia política. Maestria en Defensa Nacional). ignaciocorsario@gmail.com / Instagram: Nachocor1984

Abstract

This paper aims to analyse, as a case study and from a technological diplomacy perspective, the partnership between the Argentine company Investigaciones Aplicadas (INVAP) and Turkiye Aerospace Industries (TAI) in the specific niche of the joint design and production of new-generation geostationary satellites (GEO). This joint venture is a clear example of how the country, through diplomatic efforts and key companies, can position itself favourably on the international stage alongside an external partner with similar experience and capabilities, becoming an international reference point in the same way as it has done in other areas such as nuclear energy. In addition, the possible implications for trade and national defense will be discussed, and a brief conclusion will be reached.

Keywords: diplomacy, technology, geostationary satellites, outer space.

Asociación INVAP-Turkiye Aeroespace Industries para el desarrollo de satélites geoestacionarios como caso de diplomacia tecnológica.

Delegación de la empresa Turkish Aeroespace en la sede de INVAP en 2019. Créditos de la foto: INVAP

Resumen

El presente trabajo se propone analizar como caso de estudio y desde un enfoque de la diplomacia tecnológica, la asociación entre la empresa Argentina Investigaciones Aplicadas (INVAP) y Turkiye Aeroespace Industries (TAI) en el nicho especifico del diseño y producción conjunta de satélites geoestacionarios (GEO) de nueva generación. Este Joint Venture es un claro ejemplo de cómo el país mediante el esfuerzo diplomático y a través de empresas clave puede posicionarse favorablemente en el escenario internacional de la mano de un socio externo con experiencia y capacidades similares, convirtiéndose en un actor de referencia internacional de la misma forma en que sucedió en otras áreas como la nuclear. Además se dará cuenta de las posibles implicancias en materia comercial y para la defensa nacional, finalmente se arribará a una breve conclusión de lo expuesto.

Nota: El presente trabajo se desarrolló originalmente en el marco de la materia Tecnología y Defensa en la UNDEF como parte de la Maestría en Defensa Nacional durante el año 2025.

Palabras clave: diplomacia, tecnología, satélites geoestacionarios, espacio ultraterrestre.

1) La diplomacia tecnológica

El término diplomacia tecnológica refiere a la capacidad de los estados de desarrollar industrias estratégicas y competitivas mediante un hábil empleo de la diplomacia y la inserción internacional, permitiéndoles ser actores clave de las cadenas de valor (CDV), aprovechando nichos específicos en mercados más amplios en los cuales puedan vender en términos favorables y ofrecer soporte de los mismos, aun cuando muchas veces estos mercados se encuentren acaparados por los grandes actores y competidores.  (Battaglia, s.f.)

Este enfoque viene a polemizar con las clásicas estrategias de desarrollo industrial y científico tecnológico de pretensión estrictamente autárquicas que fueron usuales en muchos países a lo largo del siglo XX con distintos grados de éxito, donde se aspiraba a un dominio pleno de los procesos tecnológicos e industriales en todo su ciclo. En este sentido deben tenerse presentes  los niveles de interdependencia económica existentes, aun en un contexto como el actual caracterizado por la competencia en las áreas, tecnológica y comercial con la puja geopolítica entre los Estados Unidos (EEUU) y la República Popular China (RPC) como telón de fondo, cuyas consecuencias son la inestabilidad en las CDV y de suministro de materias primas estratégicas, sumado a otros conflictos aun en desarrollo como la guerra en curso en Ucrania y otros focos de tensión. Todo lo cual tornan dificultoso encarar proyectos intensivos en tecnología, en especial para los países periféricos o semiperifericos[1] cuyos procesos de industrialización y tecnológicos tienen altos niveles de dependencia de las economías centrales y altamente desarrolladas las que a su vez suelen restringir el acceso de ciertos componentes y tecnologías de empleo dual.   

Por su parte la diplomacia tecnológica puede desglosarse en otras sub diplomacias siendo la espacial una de ellas, esta tiene como objetivos la gobernanza global de los espacios comunes, en este caso del espacio ultraterrestre el cual es considerado como “Res communis ómnium”[2],  mientras que por otro persigue la cooperación internacional , constituyéndose en un medio y un propósito, buscando por un lado incrementar los niveles de cooperación y por otro ampliar la cantidad de actores cuya colaboración y capacidades les permitan el acceso, uso y explotación del espacio ultraterrestre, evitando que el mismo quede exclusivamente reservado a los países más desarrollados. (Voronina citado en Garry, 2023).

En lo que hace a los recientes vínculos bilaterales entre Argentina y Turquía[3] en materia de ciencia, tecnología y comercio destacan los siguientes hitos: el primero es la creación de la cámara de comercio argentino turca en noviembre de 2022, vínculo que fue reforzado con la firma en febrero de 2023 en Estambul del Protocolo sobre cooperación en ciencia, tecnología e innovación entre el Consejo de Investigaciones Científicas de Türkiye (TÜBITAK) y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Argentina (MINCyT), el mismo contempla entre otras áreas cooperación en tecnologías espaciales y de aviación (Cancillería, 2023).   

En este aspecto como bien destacan González y Blinder (2022) el caso de la cooperación en materia espacial entre Argentina y Turquía puede leerse también a la luz de ciertas pulsiones históricas de corte autonomista, como una estrategia común en donde ambos países pese a sus diferencias buscan diversificar vínculos con otros actores de capacidades similares, potenciar y generar desarrollos de manera relativamente autónoma, evitando o disminuyendo la dependencia de ciertos actores centrales tradicionales, los cuales muchas veces aplican restricciones a la exportaciones de componentes o subsistemas de uso espacial mediante la aplicación de licencias.  Los autores sostienen además que este tipo de cooperación les permite a ambos países combinar y potenciar capacidades, dando un salto en la escala tecnológica en materia de desarrollo satelital de tipo geoestacionario[4], ya que si bien ambos cuentan con experiencia en la materia se trata de desarrollos con alto grado de dependencia tecnológica foránea en especial en sus fases iniciales.  

Finalmente estos autores resaltan también la importante labor diplomática de ambos países que generaron las condiciones de posibilidad para la posterior cooperación y entendimiento entre sus respectivas empresas:  

“En lo que respecta al Estado argentino, INVAP lideró un esfuerzo colectivo en el que participaron el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Embajada de Argentina en Turquía, el Ministerio de Ciencia y Tecnología, la CONAE y ARSAT, que también tienen experiencia en la producción de este tipo de satélites (…)  “En cuanto a Turquía, el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Embajada de Turquía en Argentina desempeñaron un papel clave, además de las instituciones relacionadas con el espacio que han estado apoyando los esfuerzos internacionales de TAI”.  (González y Blinder, Pág. 13).   

Por su parte las agencias espaciales cumplen un importante rol de diplomacia ya que constituyen los eslabones que articulan los intereses nacionales con la política exterior, en este sentido tanto la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) como la recientemente creada Agencia Espacial Turca (TUA) ponen un fuerte énfasis en la cooperación internacional como forma de expandir el propio protagonismo. En el caso de CONAE la misma nació en 1991 al calor de una decisión política que buscaba crear las condiciones para un nuevo perfil de inserción internacional del país, más alineado con los Estados Unidos[5] en el contexto unipolar acontecido inmediatamente después de la disolución de la URSS. Fue en ese contexto que se procuró distender la relación con Washington que venía de años de turbulencias con el antecedente inmediato de la Guerra de Malvinas en 1982, separando de esta forma al nuevo plan espacial del ámbito militar, ya que la agencia antecesora la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE) se hallaba directamente bajo la órbita de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) la cual junto a otras agencias militares venía desarrollando programas geopolíticamente sensibles como el proyecto Cóndor, motivo por el cual se buscó dar un marco de mayor previsibilidad y transparencia en función de la política exterior propuesta. De esta manera se posibilitaron una serie de acuerdos de asociación cooperativa con distintas agencias espaciales de Europa, América Latina y la NASA que se mantuvieron y ampliaron a lo largo del tiempo.  

Por el lado de Turquía la creación de una agencia espacial propia en 2018 responde a las ambiciones del país plasmadas en sus distintos planes de desarrollo, los que ponen especial énfasis en sectores tecnológicos clave como la defensa, los productos químicos, la genética botánica y el sector aeroespacial, mejorando la posición y proyección global del país. En ese sentido la hoja de ruta trazada por Ankara contempla el dominio del ciclo completo de acceso al espacio, el desarrollo de un ecosistema económico espacial con el fin de exportar productos intensivos en tecnología, generando encadenamientos productivos con mano de obra altamente calificada, mencionándose especialmente la apuesta por satélites de nueva generación (Baykal, 2024). Este enfoque reconoce además la importancia de la cooperación internacional, muestra de ello es el hecho de que Turquía será durante el transcurso de 2026 la anfitriona del 77º Congreso Internacional de Astronáutica, (IAF, s.f.), oportunidad en la que buscará mostrarse como actor relevante en la materia.

Satélite de observación terrestre Gokturk-1, el mismo si bien tuvo una importante colaboración europea, en su desarrollo participaron también numerosas empresas del sector aeroespacial de Turquía siendo una demostración de las capacidades alcanzadas por ese país.

2) Posicionamiento geopolítico de los actores

Es importante destacar que en cuanto a posicionamiento en el escenario internacional, Turquía se postula como un poder emergente con proyección global en base a una particular posición geopolítica que la convierte en un puente entre oriente y occidente, situación que se ve reforzada con estatus muy particular que incluye su membrecía a la OTAN desde 1952 y su estrecha vinculación con la Unión Europea (UE) de la cual intenta hasta el momento de manera infructuosa formar parte, todo lo cual la torna un actor confiable para occidente pero también esa peculiaridad geográfica la convierte en un interlocutor válido para otras potencias. No obstante este estrecho vínculo con occidente el país sostiene una férrea agenda geopolítica propia con ciertas ambiciones e intereses heredados del extinto imperio otomano, fenómeno que algunos especialistas dieron a llamar como “neo otomanismo”[6] (Saponaro, 2025)  que la llevó a tener no pocos episodios de fricciones y tensión[7] incluso con sus aliados más cercanos, en síntesis se trata de un país que persigue maximizar su grado de autonomía sin renunciar a sus clásicas alianzas y compromisos estratégicos. 

Es por ello que Turquía, habiendo experimentado en carne propia ciertas fricciones y restricciones por parte de sus principales aliados (en especial Estados Unidos con quien mantiene un vínculo de relación asimétrica de poder, en especial en materia de provisión de armamento y tecnología) se ofrece a otros países del mundo como un actor intermedio confiable, con capacidad de estrechar lazos con otras potencias emergentes o países semiperifericos, siendo la industria para la defensa una de las apuestas más fuertes de Ankara a la hora de exhibir sus capacidades tecnológicas autóctonas, cuyo peso en la balanza comercial del país es cada vez más notorio (Topcu, 2025). En este sentido tal como destaca el presidente de la cámara de comercio argentino-turca, Özgür Yücel Demir: “La capacidad cada vez mayor de Turquía para desarrollar y exportar equipamiento militar la posiciona como un aliado estratégico clave para aquellas naciones que desean modernizar sus fuerzas armadas sin depender únicamente de las potencias tradicionales”.  (CCAGTUR, 2024).     

Es en este contexto de mayor aproximación bilateral que durante los últimos años las empresas de defensa de Turquía que han ganado notorio dinamismo a nivel global, han incursionado en el mercado argentino ofreciendo distintos sistemas de armas (sistemas anti aéreos, radares tácticos, Vants etc.) y paquetes de modernización para vehículos y buques de la Armada (Rivas, 2025). No obstante solo se logró de momento concretar la venta de algunos radares tácticos terrestres del tipo Aselsan AKAR-K para el Ejército Argentino en 2019. 

Por el lado de Argentina y exceptuando algunos pocos interregnos políticos de estricto alineamiento como aconteció durante los gobiernos de Carlos Saúl Menem (1989-1999) y el actualmente en curso bajo el gobierno de Javier  Milei, el país ha tenido a lo largo de su historia una tendencia o vocación hacia la obtención de márgenes de autonomía relativa que le ha generado no pocos episodios de fricción y distanciamiento con los Estados Unidos. En este sentido se destacan los aportes de Juan Carlos Puig, este académico argentino influenciado por las denominadas “teorías de la dependencia”, contribuyó de manera notable a dicha corriente académica de las Relaciones Internacionales (RRII) desde un enfoque nacional siendo sus aportes aplicados al análisis de las políticas exteriores de distintos gobiernos argentinos a lo largo del siglo XX (Míguez, 2016). 

Uno de sus contribuciones principales es el concepto de “autonomía heterodoxa”, antes de adentrarnos en su definición conviene dilucidar las tipologías de análisis desarrolladas por el autor. Puig destaca la existencia de distintos tipos de formas de dependencia y autonomía, aclarando que no se trata de categorías rígidas: “tal como sucede con los metales y metaloides que raras veces se encuentran en la naturaleza en estado puro, es prácticamente imposible que se den en la realidad situaciones totales de dependencia o autonomía” (Puig, citado en Colacrai, 2019, Pág.121). 

En este sentido esboza una clasificación donde los márgenes de autonomía y dependencia en los que pueden ubicarse los países tienen distinta gradación según la opción perseguida: en lo que refiere al grado de dependencia advierte dos situaciones 1) Dependencia paracolonial, esta implica la existencia formal de un gobierno pero que se halla inserto de manera subordinada en el sistema internacional. 2) Dependencia nacional, esta situación implica una racionalización de dicha dependencia la cual si bien es aceptada se le trata de sacar la mayor ventaja posible en función de los intereses nacionales. 

En cuanto a la cuestión de la autonomía, Puig establece dos categorías, la heterodoxa y la secesionista, la primera da cuenta de una aceptación del poder dominante de ciertas potencias en especial en cuestiones estratégico militares a las cuales los países periféricos no deben buscar desafiar, pero considera la posibilidad de incrementar los propios márgenes de autónoma de forma gradual, haciendo siempre una adecuada lectura del contexto internacional y las distintas variables en juego. Un aspecto interesante de esta perspectiva es que lejos de conformarse con un simple alineamiento pragmático, admite la posibilidad de las naciones periféricas de alterar en su favor algunos regímenes de manera parcial o bien de generar otros nuevos. (Colacrai, 2019). En cuanto a la categoría de autonomía secesionista la misma explica Puig, implica un desafío global que al incluir una ruptura con el hegemón podría conllevar un riesgoso error de cálculo que tuviera como consecuencia un efecto contrario al pretendido, esto es una mayor dependencia y por lo tanto vulnerabilidad.

En este sentido es importante destacar las implicancias de esta teoría en especial si se tiene en cuenta el vínculo entre una Política Exterior con pretendido margen de autonomía, la Defensa Nacional y la tecnología, ya que estas últimas constituyen el musculo que le otorga fortaleza a la primera.  Como destaca Puig la posibilidad de alterar o de incidir en algunos ámbitos del régimen internacional permiten mejorar la posición relativa del país. Este último aspecto es importante a la hora de pensar el delicado equilibrio entre la necesidad de contar con una Defensa con capacidades propias en un área sensible como la espacial donde proliferan las tecnologías duales, sin que se interprete como un desafío a los regímenes impuestos o a los intereses estratégicos del hegemón hemisférico.  

El turksat-6A es el primer satélite geoestacionario de comunicaciones de fabricación propia, puesto en órbita en junio de 2024, el mismo cuenta con un canal de comunicación de banda X para uso exclusivo de las fuerzas armadas de Turquía.

3) INVAP y la saga de los satélites geoestacionarios

El desarrollo de satélites geoestacionarios en Argentina está directamente vinculado a la creación de la empresa Argentina de soluciones Satelitales (ARSAT)[8]sociedad anónima de capital estatal, la cual es responsable del sistema satelital geoestacionario argentino de telecomunicaciones. El mismo  tiene entre sus objetivos el ocupar y explotar las órbitas asignadas al país por la Unión Internacional de Comunicaciones (UIT), promover el acceso igualitario de las telecomunicaciones tanto al sector público, privado y de gobierno, acortando las brechas de digitales y de conectividad existentes por diferencias geográficas. También tiene como objetivo promover la industria espacial nacional mediante el desarrollo de satélites, de esta empresa dependen también el centro nacional de datos, el sistema de Televisión Digital Abierta (TDA) y la Red Federal de Fibra Óptica (REFEFO).

En cuanto al Plan Satelital Geoestacionario Argentino, el mismo cuenta con el respaldo de la Ley 27.208 que declara en su artículo primero a la industria satelital como política de estado y los satélites geoestacionarios de telecomunicaciones como prioridad nacional (Ley 27.208, 2015). Los satélites actualmente operativos, ARSAT 1 y 2 (puestos en órbita en 2014 y 2015 respectivamente) fueron los primeros satélites de telecomunicaciones GEO de desarrollo nacional y también de Latinoamérica, lo que permitió incorporar al país a un selecto club de países que cuentan con dichas capacidades.  Estos satélites operan sobre la línea ecuatorial y son de suma importancia para sostener la presencia en las órbitas 72° oeste y 81° oeste asignadas al país por la Unión Internacional de Comunicaciones (UIT). Los mismos tienen un peso de tres toneladas y una vida útil estimada de 15 años. Estos satélites constituyen aun hoy una herramienta importante para la soberanía en materia de comunicación y datos, permitiendo el acceso universal a las Tics, reduciendo las brechas geográficas que suelen limitar la provisión de servicios de fibra óptica tradicionales y disminuyendo la dependencia de proveedores extranjeros. Los ARSAT además proveen servicios a nivel internacional lo que le generó ganancias a la empresa por varios millones de dólares y sostener además hasta la fecha una situación superavitaria.  

Los planes de ARSAT contemplaban inicialmente un reemplazo para los ya veteranos satélites en operación, en tal sentido se avanzó en el desarrollo de dos nuevos satélites, el ARSAT SG1 (ex ARSAT 3, ahora denominado segunda generación) y el ARSAT SG2, los cuales proveerán cobertura total de banda ancha al territorio nacional y también prestarán servicios de telecomunicaciones a la totalidad del continente americano. Al igual que con la exitosa serie de los SAOCOM, esta nueva generación tiene previsto incorporar novedosos avances tecnológicos, en este sentido el ARSAT SG1 que operará en la banda Ka en la órbita 81º Oeste (compartiendo ubicación con el ARSAT 2), tendrá un rendimiento notablemente superior a sus antecesores ya que dispondrá de mayor capacidad de tráfico lo que permitirá ampliar la provisión de servicios para redes de 4g y 5g. Además estará dotado de un sistema de propulsión eléctrica en base a un haz de iones reemplazando la propulsión química tradicional, disminuyendo de esta manera el peso y por tanto ahorrando costos y espacio en beneficio de otros componentes. También contará con una computadora de misión, software y un novedoso sistema de encriptado cuántico para comunicaciones seguras de desarrollo nacional denominado criptocom desarrollada por el INVAP (Argentina en el Espacio, 2022).  

Con un costo total de US$265,8 millones, el SG-1 cuenta a la fecha con un avance de poco más del 60% (aunque el grado de avance varía según las fuentes consultadas) habiendo superado con éxito las revisiones preliminares y criticas de ingeniería durante el 2022, quedando pendientes tareas de testeo e integración de componentes y su posterior ensamble en la plataforma cuyo desarrollo también corre por cuenta de INVAP (Latam Space, 2024). En cuanto al financiamiento el mismo será aportado en gran medida por el CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, mediante un convenio suscripto en 2020, mientras que el Estado argentino cubre una proporción menor del mismo (BN Américas, 2025).

El ARSAT 2 en la sede de INVAP, actualmente opera en la órbita 81ª oeste. Foto: INVAP.

4) Un proyecto envuelto en la incertidumbre

No obstante este proyecto como tantos otros de índole estratégico encarados por el país, no fue ajeno a los vaivenes políticos domésticos de Argentina, siendo puesto en stand by en reiteras oportunidades y sufriendo retrasos durante la el contexto de la pandemia. Al momento de redactarse este artículo las últimas novedades en el plano político consistieron en una serie de declaraciones del por entonces jefe de gabinete Guillermo Francos, quien había confirmado una nueva fecha tentativa de lanzamiento del SG1 para octubre de 2027 (Alfie, 2024). Por otro lado la otra importante novedad es la reciente resolución 1285/2025 publicada en el Boletín Oficial de la República Argentina, que aprueba un nuevo plan de acción y presupuesto para ARSAT (Resolución,1285), lo que genera renovadas expectativas sobre una eventual definición en torno a la nueva generación de satélites geoestacionarios nacionales y su proyección futura.  A lo que se suma el anuncio realizado en el mes de diciembre por parte del Secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, sobre  las “Bases para el Desarrollo Espacial Argentino” (Argentina.gob, 2025) donde se destaca la necesidad de un nuevo plan espacial y el impulso de un “hub espacial nacional” que inserte al país en las cadenas globales de valor.  

No obstante se trata de una hoja de ruta preliminar la cual debería dar paso a un documento concreto que establezca los puntos centrales y detalles del mismo.  Finalmente el punto más sobresaliente proviene del desglose de la ley de presupuesto 2026 (BORA, Ley 27.798) promulgada durante el mes de enero mediante el decreto 932/2025, donde se desprende que pese a la asignación de fondos para la continuidad de los programas espaciales en general y satelitales en particular (entre los que se incluye a ARSAT y la culminación del SG1 con aumentos escalonados de presupuesto hasta 2028) hay una pérdida real de presupuesto (Espacio Tech, 2026), e incluso en el caso del SG1 nada garantiza que efectivamente los montos establecidos sean finalmente ejecutados en los tiempos previstos.

Mientras tanto desde el gobierno se siguen enviando señales ambiguas y contradictorias ya que si bien por un lado se anuncia la continuidad de estos proyectos y se asignan fondos en el presupuesto 2026, por otro se procede a la liquidación del Centro de Ensayos de Alta Tecnología SA (CEATSA) una empresa clave y única en el país especializada en ensayos y testeos de satélites y componentes de los mismos, la cual constituye un eslabón clave para la continuidad de los desarrollos satelitales del país (Belvis, 2025), a lo que se suma las denuncias por parte de los trabajadores de la CONAE sobre el vaciamiento y paralización de proyectos clave del plan espacial (Apontes, 2025) y los recientes recortes a los programas de ciencia básica (Avramow, 2025).

La importancia de culminar al SG1 es clave para poder mostrar un desarrollo maduro y probado de cara a su potencial comercialización, en este aspecto Luis Genovese, gerente del área espacial de INVAP destaca: “La idea es terminar el desarrollo de este producto, el primer satélite que va a utilizar esta tecnología va a ser el ARSAT-SG1. El mercado de los satélites de comunicaciones es conservador, por lo que un paso extremadamente importante es poder mostrar que un satélite similar al que queremos comercializar en el exterior está siendo diseñado y fabricado para el operador satelital nacional ARSAT”. (Rivas, 2023).

En sintonía con esta declaración, Javier Chielens, jefe del proyecto ARSAT SG1 destaca lo siguiente: “primero necesitamos demostrar que estamos a la altura y que lo podemos hacer. Porque, más allá de que el producto puede recibir muchas revisiones de diseño, que son muy exhaustivas, mostrar un producto operando en órbita es lo que nos va a permitir que sea más fácil venderlo” (Chichero, 2024).

Finalmente cabe destacar que más allá de la necesidad de culminar el SG1 por las razones antes mencionadas, resulta apremiante para el país contar antes de culminar esta década con un reemplazo de los ARSAT 1 y 2 a los fines de sostener la presencia en las posiciones orbitales asignadas al país por la UIT, en este sentido es importante recordar que la vida útil de los actuales satélites GEO de ARSAT  estimada en unos 15 años, comienzan a llegar su fin tras años de satisfactorias operaciones en las extremas condiciones de la órbita GEO.

Embarque del satélite Arsat2 en el avión Antonov 124 perteneciente  la empresa Volga-Dniper, que lo transportó rumbo a la Guayana Francesa desde donde fue posteriormente lanzado desde el puerto espacial de Korou para acceder a la órbita ecuatorial en el año 2015.

5) Nace GSATCOM Space Technologies  

El surgimiento de esta iniciativa gestada en 2019 y cuya sede reside en Ankara, fue fruto de una serie de contactos bilaterales previos que se dieron en el marco de la cumbre del G20 de 2018 realizada en Buenos Aires. En aquel entonces el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan fue acompañado de una comitiva de funcionarios y ministros los cuales se pusieron en contacto con sus pares argentinos lo que permitió posteriormente ir dando forma a la alianza estratégica ente INVAP y TAI. La cámara de comercio argentino turca destaca al respecto la experiencia del INVAP en la construcción de satélites, la paralización del ARSAT 3 durante el gobierno de Mauricio Macri, y en el plano diplomático añade: “Fueron los esfuerzos de los últimos embajadores argentinos en Ankara, Jorge Alejandro Mastropietro desde marzo de 2019, y del plenipotenciario turco en Buenos Aires, Vural Altay, los que dieron el impulso definitivo que dio vida en mayo de hace un año a la alianza transcontinental Gsatcom Space Technologies” (CCARGTUR, 2020).  

Esta empresa conjunta, viene dado por la necesidad del INVAP de aplicar la experiencia adquirida con los ARSAT 1 y 2, persiguiendo un mayor protagonismo en el mercado global de satélites. En este sentido tal como lo explica Gabriel Absi, gerente del aérea espacial de INVAP: “Como siempre, pero especialmente en la última década, desde INVAP realizamos diversos análisis de mercado, prospectivas comerciales y tecnológicas. Concretamente en lo que hace al área espacial, que corresponde a mi gerencia, llegamos a la conclusión de que, si queríamos tener una mayor participación en el mercado global de los satélites, debíamos buscar un socio que nos complementara allí donde nosotros teníamos menos chances de conseguir contratos”. (Díaz, 2022).   

En este aspecto la empresa patagónica nacida al calor del plan nuclear primero para luego diversificar su cartera de negocios con el sector espacial y de defensa, viene trazando una perseverante estrategia de inserción en los mercados, en este sentido Vicente Campini, gerente general de INVAP, destacó: “Los proyectos nacionales son importantes porque nos permiten desarrollar capacidades que después se transforman en un capital que nos da capacidad de negociación a nivel internacional” (Alonso,2019). Este punto es especialmente interesante ya que involucra el histórico debate abordado por autores como Edgerton (2007) entre el Estado y el mercado como generadores de tecnología e innovación, en el caso analizado y tal como se desprende de la declaración citada, se puede apreciar como una inversión de riesgo inicial asumida por el Estado desde una visión de autonomía tecnológica y del ejercicio de la soberanía en las orbitas asignadas, puede luego proyectarse en el mercado, en asociación y colaboración con otros actores, derivando en procesos de innovación de esas tecnologías de base hoy más envejecidas. En este caso estamos ante una tecnología de satélites geoestacionarios desarrollada por INVAP, la cual de por sí ya contaban con un alto porcentaje de integración de componentes no nacionales, que en base a una asociación con un actor externo (TAI), da lugar a una serie de satélites GEO de nueva generación, en donde ambos socios aportan know how, tecnologías y se involucran en servicios de comercialización y posventa.

Como parte de este joint venture[9] cuyo paquete accionario está repartido en 50% en manos del INVAP y 50% de TAI[10], GSATCOM se puso como meta comercial el desarrollo de satélites geoestacionarios de alto rendimiento de tipo small geo, con una masa de 1.500 kilos y un horizonte de vida útil estimado en 15 años, su costo estimado ronda entre los 150 y 200 millones de dólares. Esta nueva generación de satélites según informa el sitio web de la empresa, comprende a su vez una serie de innovaciones con respecto a las anteriores entre las que destacan un sistema de propulsión eléctrico, diseño modular escalable según necesidades del usuario y capacidad de lanzamiento múltiple al tratarse de satélites con una masa considerablemente menor a sus predecesores.

El objetivo comercial declarado inicialmente entonces era el de producir un satélite al año, los primeros satélites de nuevo diseño contemplados eran el anteriormente citado SG1 (ex ARSAT 3) y SG2, una meta que hoy pese a los anuncios queda envuelta en un halo de incertidumbre ante la indefinición y la constante postergación del proyecto SG.   

6) La economía del espacio y nichos de mercado  

En la actualidad el espacio ultraterrestre reviste creciente relevancia por diversos motivos, algunos de ellos ya conocidos y otros nuevos, a las actividades tradicionales conocidas como ser la investigación científica, las telecomunicaciones, la meteorología, la investigación del espacio tanto inmediato como profundo y los programas de detección temprana de objetos potencialmente peligrosos, se suman nuevas áreas de interés y también de cooperación y competencia, algunas de ellas de la mano de nuevos actores como es el caso del sector espacial privado.  

El sector privado merece especial atención y su eclosión se explica por distintos motivos, algunas empresas surgieron al calor de la actividad y respaldo estatal como proveedoras de servicios y soluciones para las agencias espaciales gubernamentales, pero también los crecientes niveles de conectividad global producto de la expansión de las tecnologías de la información y comunicación (TICs) se convirtieron en un importante nicho de mercado para numerosas empresas privadas, las hay desde aquellas que proveen servicios de comunicación satelital a aquellas que proveen servicios de lanzamiento de vectores para la puesta en órbita de satélites con diversos fines.     

Estas actividades están generando una nueva etapa de articulación de intereses estatales y privados como lo demuestra el plan de la NASA para desarrollar un ecosistema de empresas privadas de cara a la futuras misiones lunares en el marco del programa “Artemis”[11] liderado por Estados Unidos, secundado por países aliados, agencias y empresas privadas para retornar a la luna con fines de lograr una presencia sostenida, todo lo cual abrió el debate sobre una potencial “privatización” del espacio ultraterrestre. Este enfoque que algunos han dado a llamar el “Newspace”[12]  viene a socavar el espíritu de la arquitectura jurídica existente en la materia basado en la tesis antes mencionada del espacio ultraterrestre como “Res communis humanitatis”.

En relación a este aspecto, un reciente informe del Centro de Economía Internacional (CEI) citado por el Ministerio de relaciones exteriores, comercio y culto, destaca que la economía del espacio genera unos US$600.000 millones al año a nivel global. De forma desglosada esta economía del espacio se divide en un downstream civil orientado a actividades comerciales del sector privado  y otro estratégico enfocado en actividades propiamente gubernamentales como las de defensa y seguridad.    

En el caso específico de los satélites, los estudios prospectivos destacan proyecciones con un fuerte crecimiento del mercado de los satélites de órbita baja (LEO) la cual se halla cada vez más congestionada por la presencia de constelaciones satelitales como Starlink, la Kuiper de Amazon, One Web y otras similares, esta órbita baja ocupa actualmente casi el 90% de los satélites operativos, mientras que las orbitas GEO apenas ocupan un 8% de las misiones satelitales (CEI, 2025).    

Por otra parte los satélites GEO lejos de ser excluyentes de otras opciones, aportan sus ventajas a las redes multiórbita de satélites que incluyen a aquellos que operan en las orbitas MEO y LEO, donde cada uno se complementa con el resto en base a sus cualidades y ventajas con aplicaciones a las telecomunicaciones, defensa y la seguridad. En el caso de las GEO destacan su amplia capacidad de cobertura con apenas unos pocos satélites, la baja congestión de la órbita, la estabilidad de la señal que garantiza continuidad de la cobertura, un menor despliegue de infraestructura terrestre, como así también una mayor vida útil de los mismos.

Es precisamente en este nicho donde GSATCOM apuesta a competir con un producto flexible en cuanto a carga útil adaptable a distintas necesidades, y si bien el mercado de la órbita GEO esta considerablemente rezagado en relación a la órbita baja (LEO), las innovaciones en materia de tecnologías que a su vez permiten el abaratamiento de costos, están convirtiendo a esta órbita en un renovado nicho de mercado. Cada vez son más los actores estatales y privados que están desarrollando satélites GEO de menores dimensiones como la serie Boeing 702x, los smallsat Hispasat 36W1 e incluso en otro interesante caso de cooperación el satélite meteorológico GEO CBERS-5 anunciado por China y Brasil en junio del pasado año en el marco de la cumbre de los BRICS.

La órbita geoestacionaria hasta hace poco restringida a unos pocos actores, hoy se muestra como un atractivo nicho de mercado con potencial de expansión de cara a las innovaciones tecnológicas en materia de nueva generación de satélites GEO como los propuestos por GSATCOM.

7) Implicancias para la industria de defensa nacional y el Instrumento Militar

En este sentido las industrias espaciales tanto Argentina como de Turquía han desarrollado importantes capacidades de empleo dual, en el caso de esta última y producto de sus necesidades estratégicas, con un perfil más orientado a la defensa como lo demuestra el caso de los satélites de observación Göktürk y de comunicaciones geoestacionario Turksat-6A que dispone de un canal específico para uso de las fuerzas armadas, aunque también Turquía ha logrado compatibilizar sus necesidades en materia de defensa con la búsqueda de nichos en materia comercial, abriéndose camino en el mercado civil. Mientras que en el caso de Argentina producto de un historial controvertido, el país ha procurado separar sus programas espaciales civiles de la esfera militar.  En este aspecto, si bien el país logró llevar adelante con éxito numerosas misiones satelitales, muchas de ellas en conjunto con otras agencias espaciales del mundo, e incluso cuenta con importantes credenciales como es el caso de INVAP que es la única empresa latinoamericana certificada para desarrollar misiones satelitales completas por parte de la NASA, el país aún no aprovecho este potencial de recursos humanos y tecnológicos disponibles para dotar a su instrumento militar de dichas capacidades, aunque muchos de los desarrollos y misiones actualmente operativas y en planificación tienen potencial de uso dual.    

Finalmente, tratándose de una temática que involucra esencialmente a la Defensa Nacional es indispensable establecer algunas consideraciones tomando como referencia los documentos y las leyes que hacen al plexo normativo de la Defensa Nacional. La primera de ellas es la Ley 23.554 de Defensa Nacional que en su definición conceptual oficial establece: “La Defensa Nacional es la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo (…) Tiene por finalidad garantizar de modo permanente la soberanía e independencia de la Nación Argentina, su integridad  territorial y capacidad de autodeterminación; proteger la vida y la libertad de sus habitantes” (Artículo 2).  Estos constituyen los denominados “intereses vitales de la nación” según lo estipulado en el Artículo 2 de la Ley 24.948 de reestructuración de las FFAA.

Este artículo segundo de la Ley de Defensa Nacional indica que la defensa lejos de ser una cuestión de exclusiva competencia de las FFAA, implica el esfuerzo mancomunado de toda la nación y los distintos factores de poder concurrentes. En este sentido  es que se debe apuntar al aprovechamiento de las políticas y capacidades existentes en los distintos sectores públicos y privados del país en el ámbito espacial, que si bien no conforman el Instrumento Militar propiamente dicho, cuentan con el potencial de aportar soluciones al mismo para el cumplimiento de su misión. 

Por otro lado la misión impuesta a la defensa de velar por los intereses vitales, conlleva la necesidad de dotarse de medios específicos, esta también es un curso de acción establecido en la vigente Directiva de Política de Defensa Nacional (DPDN), la cual establece: “A los efectos de garantizar los intereses vitales de la Nación, deben preverse y mantenerse los mecanismos  necesarios para el control, la vigilancia, el reconocimiento y la producción de inteligencia militar estratégica de los espacios aeroespaciales, marítimos, terrestres y ciberespaciales. Este marco situacional debe ser abordado a partir de niveles de disuasión razonables, en cumplimiento de la misión primaria y esencial del Instrumento Militar”  y entre sus necesidades prioritarias de equipamiento fija el desarrollo de sistemas satelitales de observación y comunicación (DPDN,). 

En relación al ARSAT, vale destacar que los mismos han proporcionado comunicaciones a las bases antárticas del país como por ejemplo durante la campaña antártica 2020-2021, donde  se llevaron adelante una serie de pruebas de apoyo por parte del satélite ARSAT 2 el cual hizo de enlace entre el telepuerto de ejército en Buenos Aires y el buque rompehielos ARA Almirante Irizar en su fase de aproximación a la base Belgrano II, oportunidad que sirvió para determinar la factibilidad de generar ese mismo enlace con la totalidad de las bases antárticas del país, lo que pone en evidencia la importancia de estos desarrollos a la hora de contribuir al sostenimiento de la presencia argentina en dicho continente (ARSAT,2021).  Esto pone en evidencia sobre todo en cuestiones tan sensibles como los medios con los cuales se comunica su instrumento militar, quizá este sea un nicho a cubrir por el futuro ARSAT SG1 como ya fue manifestado en su momento por autoridades del ejército argentino (Argentina.gob ,2020) o bien por algún futuro satélite de específicas aplicaciones militares para el propio instrumento militar.   

En este aspecto cabe destacar como INVAP logró capitalizar desarrollos pensados originalmente para el ámbito civil hacia otras esferas como las de defensa y seguridad, tal como ocurrió con la tecnología de radar de banda L de los SAOCOM que derramó posteriormente en desarrollos de radares de control aéreo primarios y secundarios (Argentina.gob, 2020), generando una nueva cartera de negocios para la empresa la cual sigue en plena expansión con nuevos contratos, desarrollos y exportaciones.

Esto permitirá reducir la vulnerabilidad a la que hoy están expuestas las FFAA ya que dependen en gran medida de la provisión de comunicaciones satelitales de empresas foráneas como Inmarsat, Starlink e Iridium, además de tener costos asociados superiores. A modo de ejemplo la trágica pérdida del submarino clase TR1700 ARA San Juan en 2017 puso en evidencia la dependencia tecnológica en un área clave, ya que el submarino dependía para sus comunicaciones satelitales del servicio de la empresa Iridium[13] , compañía con sede en EEUU país que es un aliado clave del Reino Unido y que en el marco del conflicto de 1982 colaboró activamente con su aliado proporcionando información satelital y decodificando las comunicaciones de las Fuerzas Armadas Argentinas (elsnorkel,2015). Esa colaboración entre las potencias de la angloésfera se da en el marco de la formidable red de espionaje electrónico global denominada UKUSA (cuyo significado en inglés es United Kingdom – United States of America Agreement, UKUSA).

8) Consideraciones finales

La empresa conjunta entre Argentina y Turquía es el ejemplo de dos países que procurando asociaciones y complementaciones tecnológicas en base a capacidades similares, hicieron una correcta lectura del mercado satelital y decidieron enfocarse en el nicho de los satélites geoestacionarios de nueva generación, donde aún hay amplias posibilidades de situarse de manera competitiva .  El contexto geopolítico y el esfuerzo conjunto de ambos estados en base a una diplomacia tecnológica activa fueron también factores cruciales para el logro del fin propuesto. Es en este sentido que la Argentina como país semiperiferico tiene a pesar de sus evidentes limitaciones la posibilidad de aprovechar el presente escenario de multipolaridad y tener su cuota de participación y aprovechamiento del espacio ultraterrestre, que aunque en una proporción muy inferior en comparación a otros actores centrales no es para nada desdeñable. La misma puede potenciarse en asociación con otros actores como lo atestigua el presente caso analizado de GSATCOM o bien la asociación con otras agencias espaciales y países de similares capacidades, permitiéndole al país diversificar sus socios, lograr cierto margen de autonomía, evitando de esta manera quedar atada a un único socio de manera asimétrica.  Por el lado de la defensa nacional, el desarrollo de capacidades aeroespaciales en general y de los satélites en particular, habilitan un necesario debate sobre las posibilidades de articulación de los distintos factores de poder nacional existentes en nuestro país a los fines de cumplir con los lineamientos y objetivos establecidos por el nivel estratégico nacional, esto es el poder político, que establece la misión para la defensa en sus distintos documentos oficiales.

No obstante este terreno fértil en  materia de desarrollos y capacidades, aún persisten una serie de obstáculos que deben ser superados en un ámbito donde las tecnologías están en permanente evolución y no esperan a quienes se estacan en indecisiones.

Los antiguos griegos tenían tres formas de clasificar al tiempo, por un lado el Cronos o tiempo lineal y cronológico, el Aión o tiempo cíclico y el Kairós que era el tiempo de la oportunidad, que si no se sabía aprovechar se perdía irremediablemente. Las políticas en materia espacial del país sin duda corren en dicho tiempo, es probable que si no se aprovecha este presente de recursos humanos, conocimientos disponibles y desarrollos en marcha, el país vea desperdiciar un capital acumulado de años, quedando rezagado. Las constantes postergaciones e indecisiones alejan al país de sus objetivos al punto tal de que luego se hará cada vez más difícil retomarlos mientras se intensifica la brecha tecnológica con los demás actores que se afianzan con políticas e inversiones sostenidas. Por otro lado este tipo de indefiniciones socavan la propia reputación del país a la hora de establecer alianzas y asociaciones, donde el esfuerzo diplomático realizado a fin de tejer dichos vínculos y abrir  debe estar acompañado de otro compromiso igualmente sostenido en el tiempo en la dimensión interpartidaria del sistema político, lo que se podría denominar como políticas de Estado.

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[1] El concepto que se utiliza en este trabajo proviene de los aportes de Immanuel Wallerstein (2011), quien en su idea del sistema mundo, la economía global está ordenada en áreas u espacios político geográficos de distinta jerarquía, siendo la semiperiferia uno de ellos dentro de la cual podrían incluirse distintos países en vías de desarrollo como algunos del sur global de mediana complejidad con procesos de industrialización y tecnológicos dependientes tal es el caso de Argentina que quien domina total o parcialmente ciertos nichos tecnológicos que la posicionan favorablemente en el escenario internacional Ejemplo de ello es el plan nuclear y en menor medida el espacial, donde el país coopera con actores centrales de manera asimétrica y otros de capacidades similares no obstante lo cual se desenvuelve dentro de un régimen internacional donde las potencias centrales del mismo son quienes establecen las reglas para el conjunto de los actores y que muchas veces funcionan como un marco de constricción para la semiperiferia, ejemplo de ello son en el plano estratégico militar los regímenes de control como el TNP, MTCR etc. o bien las distintas políticas de embargos y sanciones tanto tecnológicas como comerciales. En el caso particular de nuestro país debe mencionarse por ejemplo la persistencia del veto impuesto por el Reino Unido de Gran Bretaña a la venta de material y componentes tecnológicos de dicho origen que tengan como destino los distintos sistemas de armas de nuestras fuerzas, lo que ha limitado las opciones del país, dificultado los esfuerzos de equipamiento.

[2] A este concepto también se lo puede hallar como “Res communis humanitatis”, siendo ambos equivalentes, teniendo también una vertiente en el derecho anglosajón bajo el concepto del “Global commons”, cuyo origen histórico remitía a las tierras y recursos de usufructo comunal, pero que en las últimas décadas se ha tornado más dinámico en cuanto a su alcance incluyendo a espacios sujetos a una débil jurisdicción estatal como así también a aquellos donde la misma es inexistente, pasando de esta manera a formar parte de las agendas de seguridad de las potencias de la angloesfera (Borrel, 2022 ). En relación al primer término una de las figuras que contribuyó a dicho concepto fue la del jurista argentino Aldo Armando Cocca, quien tuvo una participación destacada en el Vto congreso internacional de astronáutica de Austria en 1954, sentando con sus aportes teóricos las bases jurídicas para el abordaje del tema, además de haber escrito varios libros y tratados al respecto.

[3] En 2022 Turquía formalizó su cambio de denominación oficial a “Türkiye”, buscando reflejar más fielmente la identidad y cultura nacional ante el mundo en especial en lo que hace a su “marca país”. En este trabajo ambos nombres se utilizarán de forma indistinta.

[4] El espacio ultraterrestre es una dimensión establecida a partir de la denominada Línea de Karman (100/120 km de la superficie terrestre) la misma contempla una serie de órbitas que se detallan a continuación para una mejor compresión: órbita terrestre baja (LEO) la misma abarca una franja de entre 160 y 2000 km y es la más ampliamente utilizada por los satélites meteorológicos, de observación, y de comunicaciones de corta distancia como los sistemas de telefonía móvil, siendo además la órbita de la estación espacial internacional (ISS). Órbita terrestre media (MEO) que abarca entre los 2.000 y los 36.000 km y es la que utilizan los sistemas de posicionamiento global como los GPS y análogos de otros países tales como el glonass, galileo, beidou etc. además de satélites de defensa.  Y finalmente órbita geoestacionaria (GEO) a partir de los 36.000km que es utilizada para las telecomunicaciones como los Arsat 1 y 2 y cuya órbita ecuatorial en la que operan es coincidente con la rotación del planeta.    

[5] Esta Política Exterior paso a ser conocida en el ámbito de la teoría política internacional como “realismo periférico” teniendo a Carlos Escude como su principal mentor y promotor.

[6] El neo otomanismo se puede entender de forma resumida como un rol más activo de Turquía en las áreas o regiones que alguna vez fueron parte del imperio Otomano o que estuvieron bajo su influencia.

[7] Algunos de estos episodios de tensión se remontan a la invasión turca de la isla de Chipre en 1974 donde quedo enfrentada a Grecia otra potencia de la OTAN, a lo que se suma las acciones militares contra las fuerzas kurdas apoyadas por EEUU, también es importante señalar el vínculo entre Turquía y Rusia con fuertes lazos en el plano energético y la crisis desatada con sus socios de la OTAN tras la adquisición de los sistemas anti aéreos rusos S400 lo que llevó a EEUU a medidas de represalia en materia de provisión de equipamiento y tecnología militar. Más recientemente se suman las fuertes críticas de Ankara a la política de expansión de Israel en la Franja de Gaza.

[8] ARSAT fue creada en mayo de 2006 por medio de la Ley 26.092.

[9] Se trata de un Joint Venture, (50% INVAP/ 50% TAI) donde ambas empresas colaboran con recursos y know how manteniendo su independencia jurídica.  

[10] Turkish Aerospace Industries surgió producto de la fusión en el año 2005 de las empresas Turkish Aircraft Industries y TUSAŞ Aerospace Industries, estando actualmente bajo control del Estado turco.

[11] Argentina se sumó oficialmente a los acuerdos Artemis en 2023, contribuyendo con el microsatélite Atenea, desarrollado conjuntamente por la CONAE y distintas universidades nacionales, previéndose su lanzamiento en el transcurso del 2026. Atenea será colocado a una distancia de 70.000 kilómetros de la Tierra, lo que establecerá a su vez un nuevo hito en la exploración espacial argentina ya que será el objeto más distante del planeta desarrollado en el país.

[12] El Newspace refiere al conjunto de empresas privadas que irrumpieron en los últimos años en el sector espacial con un enfoque competitivo basado nuevas tecnologías que permiten abaratar costos. Entre las empresas del sector se destacan actualmente SpaceX del magnate Elon Musk con sus cohetes reutilizables Falcon X y sus constelaciones de nano satélites Starlink. Otros ejemplos son Virigin Galatic, Rocket Lab, Blue Origin del multimillonario Jeff Bezos, Sierra Nevada Corporation etc. solo por citar algunas.

[13] La constelación de satélites Iridium creada por la firma Motorola en 1987, fue una de las primeras redes globales de comunicación satelital de órbita baja (LEO).