24 marzo, 2026

Dictadura militar. Los datos.
Bruno Napoli. 24 de marzo de 2026.

Responsables directos/Proceso de Re-Organización Nacional/CAL-Comisión de Asesoramiento Legislativo/Economía/Sistema financiero/Pobreza/inflación/La masacre.

Responsables directos

Entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983 la administración pública de la Argentina quedó en manos de un grupo de asesinos y ladrones (tanto militares como civiles) cuyas acciones aun reverberan en la historia social y económica del país. Hubo 8 gobiernos en 7 años y 9 meses. Una Junta Militar tomó las riendas del estado del 24 al 29 de marzo; luego 7 dictadores, 6 del Ejército y 1 de la Armada argentina, todos con firma presidencial: Gral. Jorge Rafael Videla (1976-81); Gral. Roberto E. Viola (1981); Gral. Horacio Tomas Liendo (1981); Vicealmirante Carlos A. Lacoste (1981); Gral. Leopoldo F. Galtieri (1981–82); Gral. Alfredo O. Saint Jean (1982); Gral. Reynaldo B. Bignone (1982-83) . Cada uno de los dictadores fue designado por sus pares. El plan inicial era un gobierno de 4 años para Videla (que los cumplió) y 4 mas para el siguiente (Viola) pero el fracaso económico del primero y el desmanejo de la administración de su sucesor desataron internas castrenses y sus pares obligaron a renunciar a este último a los 8 meses. Fue reemplazado por Horacio Tomás Liendo y Carlos Lacoste (gobernando 20 días uno, 11 el otro); finalmente la Junta Militar designó al Gral. Galtieri, que en pocos meses llevó al país a una guerra con Gran Bretaña. Esta terminó con una rendición deshonrosa y Galtieri fue reemplazado, luego de 7 meses, por Alfredo Saint Jean, con una gestión de 13 días. Asumió así el último de facto, Reynaldo Bignone, quien gobernó 15 meses y ante el desmadre económico y humano (por la masacre ya conocida y denunciada a nivel mundial) debió convocar a elecciones para octubre de 1983; dos meses después, el 10 de diciembre entregó la Presidencia al elegido en ese sufragio, el radical Raúl R. Alfonsín.

Proceso de Re-Organización Nacional


La Dictadura militar se autodenominó en estos términos en homenaje al Proceso de la Organización Nacional iniciado por Julio Argentino Roca y su “campaña al desierto” de 1879, que marcó el comienzo de la República Argentina tal cual la conocemos hoy. Un siglo después, en 1979, se realizó en la provincia de Neuquén el homenaje cívico-militar mas grande de la historia a aquel Proceso. Desfilaron estudiantes, militares y las fuerzas vivas de la provincia representando batallas y expediciones de la época, ocupando varios días celebratorios del nuevo re-inicio a imagen y semejanza de la masacre anterior. El cierre estuvo a cargo del dictador Videla con un discurso que puede hallarse en diarios y revistas de la fecha mencionada, que cubrieron ampliamente y con entusiasmo el evento, con suplementos especiales en cada periódico.

Comisión se Asesoramiento Legislativo


Se cerró el Congreso de la Nación y fue reemplazado por la CAL-Comisión de Asesoramiento Legislativo, compuesta por tres integrantes de cada una de las FFAA-Fuerzas Armadas, que a su vez contaban con Comisiones de Trabajo (con la misma integración militar) para debatir y elevar al Poder Ejecutivo proyectos de decreto-ley por áreas de estado (economía, salud, vivienda, educación, etc). Para discusiones centrales en términos económicos fueron convocados a la CAL representantes de asociaciones patronales bancarias, empresarias y sectores agropecuarios (ADEBA, SRA, BCBA, etc). A la fecha, unas 400 normas elevadas por la CAL y firmadas por los dictadores siguen vigentes.

Economía


La Dictadura militar comenzó su gestión en 1976 con una Deuda Pública neta de u$s 6.200 millones y dejó al país en 1983 con una deuda neta de u$s 42.100 millones. Hubo 6 ministros de economía: Joaquín de las Heras (1976); José Alfredo Martínez de Hoz (1976-81); Lorenzo Sigaut (1981); Roberto Alemann (1981-82); José María Dagnino Pastore (1982); Jorge Wehbe (1982-82) . Impulsaron una política económica aperturista a capitales y bienes del exterior, generando un doble juego de destrucción de la producción nacional e ingreso de capitales especulativos que cambiaron la matriz de acumulación económica. La falta de dólares por la baja de exportaciones y la suba de importaciones, mas la toma de deuda de grandes empresas en moneda extranjera, implicó asumir obligaciones constantes para suplir esas falencias; esto derivo en préstamos sucesivos al país solo para pagar los anteriores (y no para inversión y aumento de la capacidad de repago de esas obligaciones) aumentando de forma espiralizada de la deuda pública por refinanciación y pagos de intereses en lugar de acumulación de reservas. Las grandes empresas del estado no fueron privatizadas, pues sirvieron para tomar parte de esa deuda. Pero existió una privatización periférica de sectores que debían, por demanda, abastecer de insumos y servicios a áreas claves de la economía.

Sistema financiero


Cambiaron tres leyes fundamentales. Desde el año 1973 el Banco Central había tomado la decisión de centralizar los depósitos de los bancos pues el dinero es de los ahorristas y no de las instituciones que los toman. Con este método, pudo direccionar los préstamos que los bancos hacían con ese dinero, no para proyectos especulativos sino productivos. La dictadura aprobó inmediatamente de asumida la descentralización de los depósitos, vaciando el Central y devolviendo poder de fuego a los bancos para que pudieran retomar el camino de los préstamos especulativos. La segunda medida fue modificar la Ley de Inversiones extranjeras, que les otorgó un trato “en igualdad de condiciones con el capital nacional”, que no estaba en esa situación de competencia. Esta ley permitió a capitales extranjeros operar en áreas sensibles de la economía, siempre reservados al país para poder mantener independencia económica. Además, las empresas pudieron girar utilidades al exterior, extraídas con trabajo argentino, sin inconvenientes ni trabas, incluso disfrazadas de pagos de deuda a empresas de países centrales, que en realidad eran sus casas matrices. El tercer cambio fundamental fue la aprobación de la ley 21526 de Entidades Financieras, que les permitió a los bancos apostar libremente a la especulación, liberando tasas de interés y prestando dinero para volver a colocarlo en los mismos bancos a tasas diferidas, en pesos y dólares. Esta ley sigue vigente.

Pobreza


Entre los años 1974/75, todos los estudios estadísticos coinciden en una cifra de pobreza de 4% o 5%. En junio de 1975 hay un salto de este número por la política de Celestino Rodrigo (devaluación de 150%, inflación de 180% y compensación salarial del 45%) pero el pleno empleo morigeró por un breve tiempo este aumento de la miseria . La reconstrucción de datos del período 1976-83 indica que para 1982 la pobreza era del 22% (crisis de deuda mediante, desahucios y desalojos, desempleo, guerra de Malvinas) y que para 1983, al momento de entregar el gobierno a Alfonsín, la pobreza era del 27%. Hubo un aumento de las villas miseria (hoy llamadas barrios populares) en todo el país. En el año 1970 había 698 villas; en 1980 se registraron 1.147 villas y en 1990 el número alcanzó las 1.888 villas miseria en toda la Argentina. Un cálculo aproximado nos indica que durante los 7 años de dictadura militar se formaron algo mas de 400 villas. Una decisión amplió el problema: en 1977 la Dictadura comenzó un desalojo compulsivo de las villas de la capital federal a través de la Comisión Municipal de la Vivienda. El total de erradicados entre fines de 1977 y principios de 1978 sumó 179.755 personas. El plan fue “limpiar” la ciudad, pues en junio de 1978 se disputaría en el país la Copa Mundial de Futbol. La medida no terminó con las villas, solo las generó en otras regiones con los desplazados de la capital federal. Además se realizaron deportaciones masivas de los habitantes de las villas a las provincias del norte argentino, y a los países limítrofes de Bolivia y Paraguay.

Inflación


Durante toda la Dictadura militar la inflación fue de 3 dígitos por año. En 1974 el número había alcanzado el 20% por la gestión de José B. Gelbart, luego de tomar el país con una inflación cercana al 100%. Pero en 1975 el número tuvo un salto al 150% por las gestiones de Morales y Celestino Rodrigo (dos ministros designados por Isabel Perón a propuesta de López Rega) y continuadas por Cafiero y Mondelli. Comenzada la Dictadura, la inflación fue la siguiente para cada año: 1976: 444%; 1977: 176 %; 1978: 175%; 1979: 160%; 1980: 101%; 1981:131%; 1982: 344%; 1983: 434%. El 01/06/1983, unos meses antes de dejar el gobierno, la Dictadura reemplazó el Peso Ley por el Peso Argentino (Ley 22.707) quitando 4 ceros a la moneda anterior para compensar la inflación. Cabe recordar que entre 1970 y 1992 hubo 4 cambios de moneda: del Peso Moneda Nacional se pasó en 1970 al Peso Ley (quitando 2 ceros a la anterior); en 1983 se pasó al Peso Argentino (quitando 4 ceros); en 1985 al Austral (quitando 3 ceros) y en 1992 (hasta el presente) se pasó al Peso (quitando 4 ceros). En total, en 22 años se quitaron 13 ceros a la moneda para compensar los saltos inflacionarios.


La masacre


Para cumplir el objetivo de destrucción de estado de bienestar social, además de los cambios legales mencionados, la Junta Militar ideó un plan sistemático de secuestro, tortura, asesinato y desaparición de personas de todas las edades, a quienes sustrajeron de sus domicilios, lugares de trabajo o estudio (colegios, profesorados y universidades) a toda hora del día y a la vista de todos, con colaboración civil en cada uno de estos lugares para el secuestro selectivo por listas. Los primeros 6 meses fueron de eliminación rápida e inmediata. Luego de esta primera etapa de la masacre, dirigida especialmente a las comisiones internas de fábricas (una institución de la época del peronismo que ponía en igualdad de debate a trabajadores y patrones) se sistematizó el secuestro combinado con extensos períodos de tortura para extraer información de círculos políticos y poder continuar con la operación de eliminación. Se multiplicaron así los centros estatales de secuestro, tortura y asesinato de ciudadanos (argentinos y extranjeros) llegando a completar 854 en todo el país. Para esta tarea fue fundamental el trabajo de los servicios de inteligencia de las FFAA-Fuerzas Armadas y de las FFSS-Fuerzas de Seguridad, estas últimas subsumidas a mandos militares. Entre los años 1976-79 se registran la mayor cantidad de víctimas, junto con la sistematización del encierro y trabajo esclavo de los futuros desaparecidos, que consistía en la elaboración de documentación falsa, seguimiento de noticias diarias (en periódicos de papel y revistas) armado de fake news y salidas con los secuestrados para “marcar” compañeros de militancia. Los secuestros y desapariciones continuaron hasta 1983, pero en menor grado. El número es inestimable aun por las características de la represión, la falta de apertura de archivos públicos y privados, y el silencio de los perpetradores. Un informe del Departamento de Estado de EEUU datado en 1979 (y desclasificado en 2004) calculaba para la fecha de su confección cerca de 22.000 víctimas. El número pierde importancia por la magnitud y las formas morbosas de la matanza, pero puede superar largamente la cifra expuesta por los norteamericanos. A la fecha siguen apareciendo restos de cuerpos de la masacre perpetrada. La Dictadura fue militar, pues la última decisión administrativa siempre fue castrense. Contaron con la complicidad de dirigentes civiles, instituciones privadas y la cúpula eclesiástica, todos co-responsables de los asesinatos masivos y las medidas económicas. Pero esto por supuesto no quita el carácter militar de la etapa, ni la responsabilidad penal de los cómplices.


A la postre, queda como exigencia continuar la búsqueda de los que aún están desaparecidos, los niños robados (ya adultos), la apertura de archivos estatales y privados, y una conducta a seguir: no permitir un indulto, perdón o como quieran llamarlo, de todos los responsables del declive definitivo de la Argentina en términos sociales, políticos y económicos, tanto militares como civiles. El “Nunca Mas” no es una mirada pretérita: es un camino presente y futuro, que ya debería estar en la garganta de nuevas voces, un recambio necesario y urgente, que si no sucede, solo genera desconocimiento y olvido.

Papel sangre: Ernestina Herrera de Noble, Videla, Magnetto y Bartolomé Mitre